Así esBenedetti , el hombre bendecido por el presidente Petro que ha provocado la peor crisis de su mandato

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Si todo sucede como se espera, antes de que termine esta semana A rmando Benedetti Villaneda será nombrado formalmente ministro del Interior del Gobierno del presidente Gustavo Petro , cerrando así una de las etapas de desconcierto nacional y de crisis de gabinete más relevantes que Colombia haya visto en los últimos tiempos y, sin duda, una de las más memorables en estos casi tres años de Gobierno de la coalición de centro izquierda del Pacto Histórico. El nombramiento de Benedetti, que es el cuarto ministro del Interior del presidente Petro, no tendría nada de particular si no fuera por su cuestionado perfil y actuar, que ha causado no solo el rechazo entre varios de los integrantes del equipo de gobierno, empezando por la vicepresidenta Francia Márquez , sino también renuncias y una crisis interna con los históricos del petrismo, alfiles políticos que lo venían acompañado desde tiempos de la Alcaldía de Bogotá, le fueron leales durante sus años como senador y colaboradores en épocas de campañas presidenciales. Sus reparos, como también los de muchos seguidores de Petro y los de sus crecientes detractores, se resumen en cuatro facetas de Benedetti: campaña electoral, corrupción y dineros ilícitos ; violencia intrafamiliar y misoginia ; si es funcional a un cargo público dados sus problemas con las drogas y el alcohol; y ser un advenedizo en las huestes de la izquierda colombiana. Todos estos asuntos, salvo el personal de las adicciones, fueron precisamente los que en sus campañas presidenciales de 2018 y 2022 el entonces candidato Petro juró desterrar en la forma de gobernar y hacer política en el país, y contra los cuales lucharía para transformar a una sociedad cruzada por la violencia, el machismo, la corrupción electoral y los acuerdos con los anquilosados partidos tradicionales. Sin embargo, Benedetti pareciera ser la encarnación de todos esos males juntos. Armando Benedetti (57 años), barranquillero de nacimiento y abogado y periodista de profesión. Su trayectoria política se inició en 1997 como concejal de Bogotá por el Partido Liberal. En 2002 fue elegido Representante a la Cámara por el mismo partido y cuatro años después logró una curul en el Senado en nombre del Partido de la U y apoyado por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez . En las elecciones de 2010 mantuvo su asiento y en ese mismo periodo ocupó la presidencia del Congreso, pero lo que no mantuvo fue su alineación con Uribe: pragmático y un as para los asuntos de componendas políticas y burocráticas, dio el volantín para apoyar al recién elegido presidente Juan Manuel Santos . En el Congreso, Benedetti jugó un papel clave para que se aprobara de manera expedita (fast track) el Acuerdo de Paz. En el Partido de la U permaneció hasta 2020 cuando, una vez más, dio un oportuno salto, pero esta vez lejos del centro y de la derecha, para acomodarse en la izquierda de la Colombia Humana de Petro. Un año después ya estaba al mando de la campaña petrista en el Caribe colombiano, región del país que tiene un rol clave en la dinámica electoral y donde Benedetti llegó a jugar de local para movilizar apoyos y votos, todo ello de la mano de su entonces juiciosa asistente Laura Sarabia , hoy Canciller, una de las principales detractoras de la presencia de Benedetti en el gobierno, y con quien comparte el lamentable protagonismo del escándalo por la entrada de 15 mil millones de pesos (unos 3.5 millones de dólares) a la campaña presidencial de 2022, dineros de dudosa procedencia y no registrados oficialmente, motivo por el cual esta semana Sarabia fue citada por la Fiscalía a rendir declaración. Es evidente, entonces, que Benedetti proviene de la más clásica y cuestionada casta política colombiana que Petro tanto dice despreciar, que supo aterrizar en la campaña del Pacto Histórico, ganarse la confianza y amistad del hoy presidente y, con ello, dos embajadas, cierta inmunidad ante los siete casos en su contra que adelanta la Corte Suprema de Justicia, una corta jefatura del Despacho y, ahora, el ministerio del Interior. Así regresa a la nuez de la politiquería nacional y a los afectos del mandatario. Dicen, precisamente, que la política no tiene corazón. Solo intereses. Por mucho que el petrismo y la izquierda más progresista se niegue a creer que su líder pueda actuar como el resto de los políticos del país, traicionando promesas y principios que ha dicho defender, es evidente que Benedetti llegó la Casa de Nariño para alinear a los congresistas, a quienes llamó a reuniones en la Casa de Nariño aún antes de haber sido ungido formalmente como ministro, todo ello en una carrera contra el tiempo para organizar alianzas o generar disidencias en los partidos políticos a través de cuotas en la administración, entre otras negociaciones a puerta cerrada. Armando Benedetti es lo que hoy se denomina un operador político, uno de los mejores en el país, está claro, pues ha desarrollado las habilidades y obtenido de primera mano el conocimiento de cómo opera el Congreso gracias a sus años de trabajo en él. Sin embargo, algo lo diferencia de sus antecesores en el ministerio, también curtidos congresistas y políticos con intereses electorales: Benedetti parece tener pocos escrúpulos, o al menos tantos como los del propio mandatario, quien prioriza pasar sus reformas empantanadas en el Congreso y ojalá mantener a su coalición en el poder, antes que sus promesas de cambio. Más de lo mismo, con igual o mayor desencanto de una opinión pública que aún no supera que sea el muy cuestionado Benedetti el que haga esa labor. Mientras el presidente Petro argumenta que hay una campaña jurídica con Armando Benedetti y excusa sus actuaciones personales y como funcionario como un aspecto de su encantadora locura, los colombianos no dejan de preguntarse cómo es posible que el mandatario lo traiga de nuevo al gobierno tras los escándalos por corrupción que el propio Benedetti ha declarado de viva voz. En mayo de 2023, cabe recordar, en esa pelea de barrio bajo que sostuvo con la entonces jefa de Gabinete, Laura Sarabia, afirmó en grabaciones publicadas por la revista 'Semana', que entraron 15.000 millones de pesos (unos 3,4 millones de dólares) a la campaña, qué él había hecho el trabajo en la costa Caribe y que si lo seguían ignorando en la Presidencia y Sarabia continuaba bloqueándole el acceso a Petro, se encargaría de acabar con todo. «Nadie me deja tirado tres horas ahí, un man que hizo 100 reuniones en una campaña política, un man que consiguió 15.000 millones y ahora… que busqué toda la plata y tú lo sabes más que nadie», le dice a Laura Sarabia. Y agrega: «Nadie, ni Petro, trabajó más que yo en esa hijueputa campaña. Si no hubiera sido por mí, no ganan, hijueputa, no gana nunca. Pa' que me dé ese tratamiento». El presidente Petro lo destituyó como embajador en Caracas y Sarabia renunció a su cargo como jefe del Despacho. Pero ambos regresaron al gobierno -nadie entiende bien por qué y aún se cuecen sospechas y suposiciones-, Benedetti a ocupar la representación ante la FAO, en Italia, y ella como dueña del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), un cargo de gran peso en el Ejecutivo. Mientras tanto, la coalición de izquierda que lo llevó al poder se tuvo que tragar varios sapos por cuenta de dos 'outsiders', advenedizos al proyecto político del petrismo y generadores de varias crisis. Gustavo Petro, en sus largas disquisiciones como presidente, en sus discursos ante las comunidades, en las campañas que apelan al progresismo y al valor de la vida, se ha mostrado como un defensor de los derechos de las mujeres, lo que le ganó el respaldo de los colectivos feministas, entre otros. Sin embargo, el rasero con el hoy ministro del Interior parece ser diferente, a pesar de los rumores de vieja data pero, en especial, tras el escándalo de violencia por parte de Benedetti según denuncia pública de su esposa, Adelina Guerrero , realizada en mayo pasado estando en Madrid. El recuento ante las autoridades locales fue el de una pelea doméstica donde él la amenazó con un cuchillo, asunto que saltó a los titulares en Colombia y España, sumándose a los rumores que circulaban ya un año antes sobre la situación de la pareja, derivados de las publicaciones sobre violencia doméstica en redes sociales realizadas por ella y su madre. Ese fue el detonante, en el pasado consejo de Ministros, para que la vicepresidenta Márquez y la entonces ministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad , declararan ante todo el país que no estaban de acuerdo con el reencauche de Benedetti, quien llegó como jefe de Gabinete a inicios de febrero, pues además de no ser parte del proyecto político del petrismo y de tener serios cuestionamiento por los recursos de la campaña, ha mostrado comportamientos machistas y misóginos incompatibles con un gobierno que predica -pero no aplica- el cambio. El presidente Petro respondió con una disertación sobre el amor, la relaciones de pareja, la mujer en la guerrilla, la izquierda machista que subsiste y ya muy directo con la ministra Susana Muhamad, cerrando el cuestionamiento así: «He visto feminismos que destruyen hombres», para terminar con que a todas las personas hay que darles una segunda oportunidad. Benedetti la ha tenido todas, incluida la de liquidar desde el corazón mismo del gobierno el proyecto político y afectando el legado que pretende el presidente. Pero, claro, Petro también es experto en segundas oportunidades electorales.