Desconozco si existe alguna tesis o trabajo etnográfico sobre los modos que se utilizaron históricamente para organizar festejos en aldeas y parroquias, ya en el día del santo o en los días festivos a lo largo del año que acompasaban el ritmo de la vida tradicional. Muy posiblemente se puedan rastrear desde el siglo XVIII en adelante: en sus inicios posiblemente el jolgorio lo apalabraría la casa grande del lugar con un cercano grupo de gaitas y tamboril, o bien podría ser el propio cura de la parroquia el que llamaría a los del contorno, pagados por la gente cabal con la comida festiva del santo. Una tradición propia que se manifiesta en cada lugar, en todas y cada una de las parroquias, organizado de esta manera desde tiempo inmemorial y que formó parte de la vida rural hasta ayer mismo. Entre los años 50 y principios de los 70 debió ser la época dorada de esta manera antigüa en la que los grupos y orquestas dieron vida a las fiestas de los pueblos: unos vecinos eran elegidos como comisión de fiestas con su mayordomo al frente, casa por casa iban recabando la colaboración de cada cual y, con lo aportado por las familias y algo que rebañasen del ayuntamiento, eran capaces de conseguir para los dos o tres días de festejos las bandas de música, las bombas de palenque y los conjuntos y orquestas para lo que diese el peto. Con la aparición de las discotecas y salas de fiesta a mediados de los 70 parecía que las verbenas se morían, languidecían, los jóvenes abandonaban y solamente al compás de la música verbenera bailaban parejas mayores aisladas en medio del campo festeiro. Las comisiones de fiesta seguían su labor defendiendo los festejos de la parroquia mientras los jóvenes ya motorizados inundaban los nuevos templos del divertimento. El Ministerio de Hacienda fue creado también en el siglo XVIII por la administración borbónica, una vez planteado el problemón que en el sistema financiero de la Corona española habían dejado los gloriosos austrias. La Real Hacienda comenzaba su andadura incorporando la administración de los antiguos reinos hispánicos con sus instituciones hacendísticas tradicionales. Dicen los que saben que la reforma tributaria que produjo la modernización de la Hacienda española la realizó a mediados del XIX un miembro del partido moderado, don Alejandro Mon. Nada de esto sabían las comisiones de fiesta a partir de los años sesenta que recibían con todo respeto el dinero de sus vecinos y lo juntaban para darle el destino que ya sabemos, un quehacer particular de las aldeas sin intervención del poder, sin intervención de la ciudad, exclusivo de los vecinos organizándose para la fiesta. En los años 50 así era, y en los 60, en los 70... los miembros de los conjuntos o de las orquestas cultivaban la tierra, o iban al mar, al taller o a una oficina. Los veranos y fiestas de guardar, tocaban. Lo mismo podemos decir de los tenderetes y tómbolas, todos aquellos para los que la aglomeración significaba conseguir algún ingreso vendiendo algo, diversión mayoritariamente. Luchaban bravamente por la vida. Hay una estupenda fotografía de mediados de los 60 en la que se recoge el frontal averiado de un viejo camión después de empotrarse contra la trasera del también viejo autobús que nos llevaba de excursión a Santiago: en una pequeña bajada de la recta de Caldas lo vimos acercándose poco a poco sin frenos hasta que chocó. Con gran regocijo de todos bajamos a verlo. No sé por qué, pero siempre he pensado que aquel hombre que miraba preocupado hacia el motor abierto de su barreiros llevaba atrás su tómbola de tiro de pichón: calculaba que no podría montarla, que perdería el tiempo y el poco dinero que tenía. Parece ser que todo empezó cuando su suegro, que tocaba en Los Cunter's, le pidió que les buscase actuaciones para el verano. A partir de ahí fue aumentando sus gestiones: cobraba un tanto por actuación, en aquellos tiempos en que se apalabraban con un apretón de manos. Eran gestiones en las que se cruzaba un dinero con origen en donaciones de las casas ¿blanco, negro o mediopensionista, sin factura, ni nota habría? y se pagaba en mano a las orquestas. (Parece ser que hasta bastante más allá del 2000 la Real Hacienda no comenzó a informar de cómo actuar en estas transacciones). Con el tiempo fue capaz de aportar toda una serie de innovaciones en el negocio -luz, sonido, profesionalización... etc-, que aquel joven que había ayudado a su suegro músico en ratos libres consiguió al cabo de los años crear un verdadero sector económico, no cualquier cosa sino un sector que implica inversiones, empleos, múltiples protagonistas y que hoy goza de una pujanza extraordinaria llenando platós de tv o campas de verbena: los jóvenes bailan y asisten a un verdadero show nacido entre otros de la inteligencia empresarial de nuestro protagonista. Pienso que ninguno de nosotros puede nombrarle con su diminutivo pues debe quedar reservado para su familia y sus amigos. Para todos los que no le hemos conocido es el señor Ángel Martínez Pérez, que descanse en paz en el tiempo de su aniversario. Desconozco la trayectoria del proceso, pero siempre tuvo tintes de indefensión civil: nadie lo defendió. Creo que fue vilipendiado en cuanto artículo fue escrito, alguno nauseabundo. No llevaba ningún apellido ilustre, tampoco pertenecía al corazón de los intereses urbanos donde se cuecen los favores. Estaba solo y desde los púlpitos enseguida fue escarnecido como rey momo de las orquestas y de las verbenas. Pero ninguno que lo denigró ha sido capaz de crear un solo puesto de trabajo, ni crear un sector económico dinámico e íntimamente popular como lo hizo él. Finalmente, la Ley parece que no ayuda: en lugar de preservar puestos de trabajo, negocio y futuro, descarga su mano sin pensar ni un minuto más allá de su actuación. He visto que se le llegaron a pedir más años de cárcel que a los perros, de eta. No sé si las leyes están hechas solamente por gente sentada. (Muy diferente es la reputación y el trato dado a otros gestores de orquestas: tenemos al frente de la Very Progresist Orchestra a un tipo vicepresidente de la democracia española que elige una prostituta en el catálogo digital del móvil que le muestra un compinche, y le paga estudios, viajes oficiales, estancias, hoteles, puestos de trabajo... con nuestro dinero -dinero público, nuestro, radicalmente incontrolado pese a todas las apariencias, alharacas y aspavientos-, pero lo pusieron de diputado, sabiéndolo, y goza de reputación como si fuera alguien. En cuanto a reputación, hay más puteros: desde Koldo a Tito Berni. No podemos dejar pasar tampoco a los del trombón de varas: Errejón y otros chicos del montón. Ahora el viscoso Monedero, cuyas alumnas dejaban la puerta abierta y jamás quedaban a solas con el tipo. En un tris saldrá a la palestra el iraní, capaz de las mayores vilezas, pues testigos hay que se lanzan a la palestra. Podemos acompañar con las reputaciones de todos aquellos que vieron pasar 185 millones de malversación de iva de las tramas de hidrocarburos que no sé si movieron pestaña pero que se repitieron operaciones, hasta otorgarle concesión de primer orden. La reputación del dinero negro movido por manos fuertes. Para qué seguir. En el organigrama está la Orquesta Parabellum, la Orquesta Waterloo y la Petit Padornelo Ensamble junto con la Orquesta de Elvas-Badajoz.)