Fue en 2007. Entonces, la ley de igualdad puso encima de la mesa la obligación de que tanto empresas como partidos políticos tuvieran mecanismos de prevención y erradicación de conductas de acoso sexual y por razón de sexo. Es decir, que las mujeres tuvieran el derecho de denunciar si se topaban con algún baboso o agresor en su puesto de trabajo. Parece una obviedad, pero la realidad se empeña en demostrarnos que no lo es. Quince años después y en vista de que una norma no era suficiente, la ley del sólo sí es sí volvió a insistir en ello. Hace tan sólo unos meses, infoLibre contó aquí que hasta nueve partidos en el Congreso seguían sin tener estos protocolos. Podemos sí lo tiene. De hecho, fue la primera formación de ámbito nacional que contó con uno. El feminismo se ha encargado de evidenciar la complicidad que permite a los agresores actuar impunemente. También de señalar a los que ríen las gracias machistas, a los que callan ante comportamientos sexistas o a los que miran hacia otro lado cuando se enteran de que comparten espacio con un agresor sexual. Los partidos políticos, incluso los que llevan como bandera el feminismo, no son islas en mitad del mar. Eso ya lo sabíamos, pero ha quedado ampliamente demostrado en los últimos meses. El machismo es transversal, lo permea todo, desde las aulas del colegio hasta el Congreso de los Diputados. Y de eso no escapa nadie a no ser que haya crecido en un búnker. Pero es el compromiso feminista el que, precisamente, debería marcar la diferencia a la hora de responder ante situaciones de violencia contra las mujeres. Podemos asegura que apartó a Monedero cuando conoció los testimonios de violencia sexual. Dos denuncias en septiembre de 2023. Una de ellas, por correo electrónico, escrita en plural, por lo que eran varias mujeres las que alertaban de los comportamientos machistas del fundador de Podemos. La otra, transmitida de manera informal en una conversación con la dirección del partido. Desde ese momento, alegan, apartaron a Monedero de los actos públicos. Con la primera, la formación no inició ninguna investigación porque la víctima no rellenó un formulario, según desveló elDiario.es.Lo cierto es que sólo una denuncia debería haber sido suficiente para indagar, para rascar si era un hecho aislado —lo que no le resta ni un ápice de importancia— o un patrón de conducta. Pero es que además fueron dos, espaciadas por tan sólo unos días. Justifican que lo hicieron para proteger a las víctimas, pero da la sensación de que Podemos tomó una decisión por ellas sin contar con ellas. ¿No se preguntaron por qué la víctima nunca respondió a ese primer correo electrónico? ¿No les resultó extraño que una mujer que da el paso de alzar la voz permaneciera en silencio tras hacerlo? ¿Por qué no avisaron a Monedero de los hechos de los que diferentes mujeres le acusaban? Cuesta creer que no encontraran la fórmula de hacerlo sin desvelar la identidad de las denunciantes, manteniendo el anonimato que toda víctima merece. Eso sí que hubiera sido un ejercicio de transparencia: consultar y contrastar la información con todas las partes implicadas para tratar de averiguar qué había ocurrido. Resulta también muy sorprendente que en la Complutense, que ha abierto una investigación por acoso sexual contra Monedero, tampoco nadie diese la voz de aviso —¿ninguno de sus colegas profesores sintió la necesidad de hacerlo?— sobre un comportamiento que, al parecer, conocía todo el mundo. Despedir con honores es hacerlo portavoz y meterlo en las listas parlamentarias. Así comparó Ione Belarra la actuación de su partido con la reacción de Sumar con Iñigo Errejón. La formación de Yolanda Díaz que, a posteriori, reconoció que sus mecanismos de prevención habían fallado, permaneció en silencio durante un año tras la publicación de una denuncia anónima que circuló por las redes sociales poco antes de las elecciones generales de julio de 2023. En ese tiempo, Errejón continuó con su actividad política hasta que el señalamiento en redes fue tan evidente —las mujeres encontraron un espacio seguro en la cuenta de Cristina Fallarás— que se vio obligado a dimitir con un comunicado autocomplaciente y repleto de eufemismos, en el que achacaba su comportamiento al neoliberalismo. Es cierto, por tanto, que ambos partidos actuaron de forma diferente, pero Podemos ha optado por defender su decisión señalando los errores de Sumar, sin hacer ningún tipo de autocrítica. No podemos obviar tampoco que tanto Errejón como Monedero eran referentes dentro de sus partidos. De esas figuras intocables a las que se suele definir como "cabezas privilegiadas". Ya va siendo hora de revisar los ideales en los que enmarcamos a ciertos políticos de izquierdas. Alguien que no respeta los derechos humanos no puede considerarse, en ningún caso, una mente brillante. Un último apunte. A Podemos se le ha perseguido política, mediática y judicialmente. Pero esa guerra sucia no puede convertirse ahora en el escudo en el que parapetarse de las críticas que la formación está recibiendo. Es indudable que ciertos sectores de la derecha quieren instrumentalizar el caso Monedero para ridiculizar a las víctimas y a la lucha feminista. Atacar así a la izquierda se ha convertido en gasolina para los negacionistas, no hay más que ver el doble rasero con el que señalan unas agresiones y otras. Ya sabemos cuál es su campo de batalla, no perdamos el tiempo en él. Es mucho más productivo dedicar tiempo y esfuerzo en debatir, de manera sosegada, sobre cómo crear espacios seguros en todos los ámbitos (y eso incluye revisar los protocolos si es necesario) para que las víctimas tengan la certeza de que, de verdad, no están solas.