¿Dónde estaba Mazón la tarde de la DANA?

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La tarde en que el president debía estar a los mandos está llena de versiones contradictorias, dudas y mentiras. Tras su comida, se supone que estuvo en su despacho "informado del temporal junto a su gabinete". Ni estaba su jefe de gabinete ni siquiera llegó al Cecopi a la hora que dijo, según el último giro de guion que el propio Mazón ha escrito. Ya nada es fiable y surge la pregunta de si realmente estaba en su despachoLa Generalitat dice que los vídeos de seguridad del Cecopi muestran que Mazón llegó después de enviarse la alerta La mentira, en el sentido que le dan los utilitaristas, puede ser una licencia tolerable si produce un mal menor o más bienestar que perjuicios. A lo largo de la historia ha habido grandes mentiras (o silencios) que con el tiempo se revelaron necesarias. Mentirijillas domésticas pueden salvar todos los días males mayores en todas las casas. Pero las mentiras públicas, cuando se utilizan en cantidades masivas y recurrentes, tienen un inmediato efecto nocivo que anula las ventajas que pretendió conseguir quien las utilizó: instalan a la audiencia en la confusión y la incredulidad constante, generan desafección y escepticismo. A partir de un umbral de embustes, todo –también las verdades– se pondrá en duda. Carlos Mazón inició después de la terrible DANA de València un camino sin retorno hacia su presunta salvación en el que ha hecho una apuesta de máximos: exculparse y poder seguir siendo president de la Generalitat, aunque no pueda salir a la calle, aunque tenga que emboscarse en hoteles de lujo de Madrid, aunque tenga que desmentirse a sí mismo o dedicarse a visitar farmacias en lugar de grandes infraestructuras. De momento ha conseguido seguir al frente y ha doblado la mano al líder de su partido, Núñez Feijóo, que lo sostiene y suelta de manera errática. La calle es un clamor, como lo es la ausencia de respuesta convincente a la pregunta: ¿Dónde estaba, en qué estado y haciendo qué el president en la tarde de la alerta roja, con la UME en Utiel, varios desaparecidos y un Cecopi reunido? La respuesta ha ido llegando por entregas y con dichos y desdichas. Primero estaba en el Palau, luego comiendo, luego en un comida privada, luego en un almuerzo de trabajo con el líder de los empresarios. Luego en una “comida privada de trabajo”. Finalmente salió la verdad publicada: en una comida innecesaria y prescindible con una periodista. A partir de los postres, y cuando separaron sus caminos antes de las 18 horas –según la versión de ambos– se abre una mancha de duda que acompaña a Mazón en cada esquina y cada acto. Él mantiene que estuvo en su despacho (primero dijo a partir de las cinco de la tarde, días después dijo que a partir de las seis). Cuando le preguntan suele remitirse a que ya lo ha dicho o que ya se sabe o a “qué cansino”. Hasta ahora nos había hecho creer que llegó al Cecopi a las siete y pico. Este martes le dijo a la jueza que llegó después de que se enviara el SMS (20.11 h), en una oportuna ausencia que le exime de responsabilidad judicial aunque le embarra en la política. Cuando el Palau, acechado por la prensa, hizo la voladura controlada del almuerzo y admitió que estaba comiendo con Maribel Vilaplana, fuentes de Presidencia enviaron un mensaje a los periodistas que no aguanta hoy un asalto poligráfico. “Durante el encuentro, el presidente estuvo recibiendo información por parte de la consellera”. El listado de 16 llamadas del que habló en el Ritz este lunes comienza a las 17.37, nada se sabe de las comunicaciones que tuvo durante la comida más que por Vilaplana, que admitió que el president recibió en El Ventorro alguna llamada aunque “ni hablaron de la DANA ni le transmitió ninguna preocupación”. Supuestamente, a las 18 horas llegó a su despacho. Allí, “continuó siendo informado puntualmente junto a su gabinete”, dijeron las mismas fuentes entonces. Ahora sabemos que su mano derecha y jefe de gabinete, José Manuel Cuenca, ese día estaba de viaje por un “asunto personal” y se había quedado atrapado en Xàtiva. Su mano izquierda, Santiago Lumbreras, se había ido a Alicante en pleno aviso rojo, como el conseller de Educación o la cesada consellera Nuria Montes. Es pertinente la pregunta sobre si ese día había alguien trabajando. Desde el Cecopi le informaba “todo el personal de la Generalitat que estaba presencialmente”. Para tomar decisiones estaba la consellera de Emergencias, Salomé Pradas, con cero perfil político y nula capacidad de dirigir el día más trascendente del siglo en la Comunitat, incluso admitió que no sabía ni que existía el ES-Alert. Le acompañaba Vicente Mompó, presidente de la Diputación de València y la única persona cercana a Mazón que vio venir el drama. Según la versión oficial de noviembre, “una vez informado del riesgo de ruptura de la presa de Forata”, es cuando Mazón decide ir en persona, y llega pasadas las 19 h“. El propio Mazón se ha desmentido y ahora se sitúa en el Cecopi pasadas las ocho, cuando se había mandado ya el mensaje, según la información enviada este martes a la jueza, que había preguntado si había alguna otra ”autoridad“ en el envío del aviso que se hizo tarde y mal. ¿A qué hora llegó realmente el president? ¿Por qué alguien iría cambiando de versión si todo fue culpa de Aemet? Si Mazón va recortando los salientes del puzzle para que encaje un día aquí, otro día allá, ¿qué es lo que quiere que creamos o qué es lo que no quiere que sepamos? ¿Si mintió en la hora y la compañía, no mentiría igual sobre el lugar en el que estaba? ¿Estuvo realmente sentado en su despacho escuchando al teléfono cómo la provincia se desbordaba? Demasiados datos contradictorios, demasiadas verdades por fascículos, demasiadas imprecisiones. Demasiadas mentiras. El cordón sanitario que le aplicó el lunes su propio partido, seguramente tan desconcertado como la ciudadanía, no ayuda a despejar la equis. Si después de la comida –que empezó cuando llegaba el primer militar de la UME a Utiel y acabó cuando descargaban las lluvias torrenciales en el Poyo– no fue al Cecopi y estuvo trabajando encerrado en el Palau mientras València se sumía en el caos y una consellera sin peso político dirigía la orquesta en el 112 hasta el envío del mensaje, es un irresponsable. Si es una coartada para otra mentira dirigida a salvar su reputación o su futuro judicial, es un escándalo. Mazón está atrapado entre la infamia y la desconfianza de un pueblo que aún no sabe con certeza qué hacía la tarde del 29 de octubre el hombre que tenía que ayudarlos a protegerse o cuál de todas las versiones es la buena. La culpa no es de quien duda o de quien intenta desenmascararlo, sino de quien ha querido drogar la verdad o sustituirla para salvar con artimañas lo que no se ha ganado con la autoridad, la honradez y el trabajo.