Cristina Carrillo de Albornoz presenta su novela 'Un beso en Tokio', un viaje en búsqueda de la belleza

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«La mitad de la belleza depende del paisaje, la otra de quien lo mira». Con esta sentencia de Hermann Hesse, la exdiplomática y comisaria de arte Cristina Carrillo de Albornoz quiere insuflar en sus lectores la búsqueda del sentido estético, pero no desde un punto de vista superficial, sino como verdadero motor de nuestras vidas. «Hay que saber verla y requiere un esfuerzo», apunta la autora de 'Un beso en Tokio' , su primera novela, que este martes se ha presentado en la Fundación Valentín de Madariaga en Sevilla. La capital hispalense también forma parte de este viaje personal de la autora, aunque ni una ni la otra son las protagonistas. Kengo es el personaje principal de esta ficción que no sólo está ambientada en la capital japonesa, sino que recorre numerosas ciudades de varios continentes y también pasa la línea del tiempo para hacer un recorrido por la historia del arte en definitiva y a través de sus personajes. Este es el debut en la novela de Carrillo de Albornoz, que no editorial. Ha publicado doce libros en sellos como Thames& Hudson, Rizzoli o Assouline sobre Balthus, Fernando Botero (incluida su primera monografía en China), Wim Wenders, Terry O'Neill, Mahatma Gandhi, Satyajit Ray, Santiago Calatrava, Ai Weiwei, Manolo Blahnik, Borges y María Kodama y Sorolla. Para la puesta de largo sevillana la autora se ha hecho acompañar del arquitecto y escultor Arturo Berned, otro trotamundos y amante de la cultura japonesa, paradigma de esa búsqueda de la hermosura. Uno de sus trabajos es la participación en el año dual España-Japón (junio de 2013-julio de 2014) donde presentó un proyecto escultórico apadrinado por el arquitecto japonés Toyo Ito (premio Pritzker en 2013). De ahí que la novelista le pidiera que leyese su obra y le ayudara a presentarla en la capital andaluza. Cierra el círculo la propia institución que ha albergado la cita, la Fundación Valentín de Madariaga que ocupa el antiguo consulado de EEUU en el Paseo de las Delicias. Una institución que, como su propio presidente ha indicado, trabaja por conectar el arte contemporáneo con otras artes. Valentín de Madariaga ha subrayado de 'Un beso en Tokio' que «combina sensibilidad, cultura y reflexión», unas palabras que ha apoyado Berned: «Ha unido el rigor técnico de la arquitectura con la poética de la forma». Carrillo de Albornoz ha apuntado sobre su novela que quería «sorprender» desde el título, ya que los japoneses no suelen besarse en público. Su protagonista, que toma el nombre del también arquitecto Kengo Kuma, encargado del proyecto en los terrenos que ocupaba Altadis en el barrio de Los Remedios, justo enfrente de la sede de la Fundación Madariaga, emprende un viaje tras una crisis vital. Le lleva a otras ciudades del país del sol naciente, otros asiáticos, europeos e incluso africanos. En esa búsqueda se encuentra con un amor de juventud. ¿Hay algo más bello que el amor? Pero 'Un beso en Tokio' no es una historia romántica más, si acaso, según ha destacado su presentador, es una de las múltiples lecturas que esconde. Así, se encuentra preñada de anécdotas de la autora -«no es autobiográfica», ha insistido- pero también de referencias a un sinfín de artistas, músicos, fotógrafos, arquitectos, además de profundas reflexiones sobre esa introspección necesaria en pos de la consecución de ese fin mayor que es la admiración de la belleza.