La bandera blanca y verde vuelve, tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza, bajo el sol de nuestra tierra. El himno de Andalucía comienza con un mensaje pacifista. Cómo ser pacifista cuando, al finalizar el primer cuarto del siglo XXI, el mundo se encuentra convulsionado por el imperialismo sin freno de los Estados Unidos, gobernados por Donald Trump y una cohorte indecente de magnates y políticos sin escrúpulos a los que la democracia y los derechos humanos les importan un pimiento.Hasta anteayer el capitalismo europeo y los gobiernos europeos vivían bajo el paraguas estadounidense como cómplices que recogían los excedentes de acumulación de capital obtenidos mediante el expolio de África, del mundo árabe, Latinoamérica y muchos países asiáticos. Los gobiernos europeos, tanto conservadores como socialdemócratas, han actuado siempre manoseando la palabra democracia. Así han justificado su agresiva acción política internacional en materia financiera, extractiva y bélica. El consenso liberal europeo entre “populares” y “socialistas”, en alianza con las políticas imperiales de la Casa Blanca y Wall Street, ha actuado en los últimos cincuenta años de práctica neoliberal contra sus propios pueblos y contra los pueblos latinoamericanos, africanos, árabes y asiáticos. Recordemos la calificación de PIGS (cerdos) a Portugal, Irlanda, Grecia y España por parte del que fuese primer ministro holandés y actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte, cuando la alianza del capitalismo occidental estadounidense y europea decidió que la crisis financiera creada por ellos mismos la pagásemos nosotros con recortes en derechos sociales.Recordemos la complicidad de la UE con el imperialismo estadounidense para bombardear Yugoslavia, destruir Irak, bloquear Cuba y Venezuela, endeudar ante el Fondo Monetario Internacional a Argentina, Bolivia, Perú o Ecuador, convertir Libia en un estado fallido, mantener al corazón de África en permanentes conflictos mientras se expolian sus minerales, entregar Afganistán a los talibanes, tensar a Rusia para meter a Ucrania en una guerra por querer incorporarla a la OTAN, o ayudar al genocidio del pueblo palestino en Gaza y Cisjordania.La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha destapado la manta de la hipocresía europea. Las intenciones del trumpismo no son otras que garantizarse la propiedad de los recursos naturales, los combustibles y las rutas para los flujos de mercancías en los próximos decenios. Lo que queda de democracia estorba tanto en el interior de los EE.UU. como fuera. No es ninguna novedad. Siempre ha estorbado, solo que ahora la complicidad entre la propiedad de los grandes medios de comunicación, los propietarios de las redes sociales y las altas judicaturas manejadas por el poder político permite al capital estadounidense hacer una apuesta fuerte por la destrucción total de la democracia.[articles:285190]La acometida trumpista ha situado a la UE en estado de shock. El aliado se ha pasado al enemigo y además exige, para mantener cierto grado de condescendencia, inversión en armamento y guerra, combustibles fósiles y manufacturas que ha de ser gastada mayoritariamente en la industria estadounidense. Los gobiernos de la Unión Europea y del Reino Unido siguen llamando a los EE.UU. aliado estratégico, mientras la Casa Blanca se retira del conflicto y negocia con el Kremlin, intercambiando el reconocimiento de los territorios conquistados por Rusia por un suculento botín en tierras ucranianas con minerales altamente estratégicos.Nos preguntamos al principio de este texto cómo ser pacifista en este momento histórico lleno de riesgos para toda la humanidad. Riesgos belicistas, riesgos climáticos y riesgos de destrucción de la democracia, con los consiguientes retrocesos en derechos sociales, feministas, ecologistas y de los pueblos culturales y políticos.Afirmamos que el pacifismo debe inundar las ideologías emancipadoras. El pueblo andaluz, los pueblos europeos, deben buscar alianzas culturales y económicas justas con los pueblos latinoamericanos, africanos y de Asia. Al tiempo, el gobierno andaluz y los gobiernos de la UE deben salirse de la dinámica bélica trumpista, romper con la política armamentista y toda relación comercial con el estado genocida de Israel. El pueblo andaluz y los pueblos europeos deben respetar los derechos humanos de la inmigración y otorgar a los inmigrantes todos los derechos políticos, empezando por el derecho al voto.Ser pacifista hoy significa ser ecologista. Buscar la territorialización de las economías reforzando las escalas de proximidad y reduciendo la necesidad de materias primas y energía. Ser pacifista hoy es defender las energías renovables, el hidrógeno verde y la agroecología. Ser pacifista hoy es ser feminista, defender políticas que rompan la brecha económica de género, que protejan la libertad sexual de las mujeres y que obliguen a respetar y aumentar los derechos de las personas trans. Ser pacifista hoy significa defender el derecho de los pueblos culturales y políticos a decidir su destino. Ser pacifista hoy significa defender las alianzas federales entre pueblos.Y, sobre todo, hoy, ser pacifista desde Andalucía es ser anti imperialista y pedir al gobierno andaluz y al gobierno del estado que trabajen para eliminar todo rastro de bases militares estadounidenses en nuestro territorio y para salir de la OTAN. Además de ser una afrenta a nuestra soberanía, son un riesgo para el pueblo andaluz y para el resto de pueblos del estado, máxime ante las exigencias y chantajes del gobierno de los Estados Unidos.La bandera verde y blanca vuelve, tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza bajo el sol de nuestra tierra. Este 28 de febrero de 2025, hagamos honor anti imperialista al mensaje de nuestro himno.Firmantes:Mario Ortega Rodríguez, presidente de la asociación Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta; Salvador Soler García, secretario, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, profesora Universidad de Granada, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Rubén Pérez Trujillano, jurista profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla;