El 7 de julio se convierte en fecha clave para los concesionarios españoles. A partir de ese día, cualquier turismo nuevo que salga a la calle deberá llevar incorporada la preinstalación técnica para el 'alcoholock': el sistema que bloquea el encendido del coche si el conductor da positivo en alcohol antes de arrancar.El dispositivo funciona como un etilómetro integrado en el propio vehículo. El conductor sopla, el aparato analiza el aire espirado y, si la tasa de alcohol supera el límite legal, el motor sencillamente no arranca. Sin vuelta atrás, sin segundas oportunidades. Va conectado directamente al sistema eléctrico, y si el coche lleva más de 30 minutos parado, la prueba hay que repetirla.Hay un matiz relevante: los vehículos no llevarán el dispositivo activo de serie. Solo incorporarán la interfaz técnica necesaria para instalarlo. La activación quedará reservada a los casos en que un juez o la DGT lo ordenen, principalmente en programas de rehabilitación o para conductores reincidentes.De los autobuses a todos los turismosLa medida no es nueva del todo. Desde 2022, los vehículos profesionales de nueva homologación ya estaban obligados a llevar esta preinstalación por mandato de la Unión Europea. Lo que cambia ahora es el alcance: a partir del 7 de julio, el requisito se extiende a todos los coches nuevos matriculados en territorio europeo, sin distinción de uso ni de categoría.Un policía, con un alcoholímetro para control de alcoholemia en una imagen de archivo.El empuje viene de Bruselas, que ha incluido esta exigencia en la fase final de su Reglamento General de Seguridad (GSR2). El objetivo declarado es reducir a la mitad las muertes y lesiones graves en carretera antes de 2030, dentro del plan continental conocido como 'Visión Cero'.Una tecnología con recorrido probadoEl 'alcoholock' no es un experimento. Lleva años en funcionamiento en países como Suecia, Francia o los Países Bajos, donde su uso está extendido tanto en el transporte profesional como entre conductores sancionados por alcoholemia. Los datos respaldan su eficacia: los estudios apuntan a que este sistema puede reducir hasta un 65% los accidentes relacionados con el consumo de alcohol.De momento, el cambio es técnico y preventivo. Los coches estarán listos para incorporar el sistema, pero no todos los conductores tendrán que usarlo de inmediato. La infraestructura, sin embargo, ya estará ahí, esperando.