Manuel Cebrián Ramos fue uno de esos científicos difíciles de catalogar. Dedicó buena parte de su vida a estudiar cómo las personas, las redes y las máquinas interactúan entre sí, mucho antes de que la inteligencia artificial (IA) o los efectos de las redes sociales ocuparan el centro del debate público. Pero lo que realmente le interesaba no era la tecnología en sí misma, sino cómo seguimos siendo humanos en un mundo cada vez más mediado por algoritmos y pantallas.Seguir leyendo