Arabia Saudí tiene arena hasta donde alcanza la vista, pero no la que necesita para construir rascacielos, carreteras y megaproyectos. La paradoja revela una crisis global escondida bajo el hormigón

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La arena parece infinita, barata y banal. No lo es. El caso saudí muestra una verdad incómoda: la arena útil para edificios, carreteras y rascacielos no suele venir de los desiertos, sino de ríos, costas, lagos y canteras que el mundo está explotando a una velocidad preocupante.