Liberaron 30 urogallos cantábricos para evitar su extinción y el bosque respondió con una lección durísima. Seis meses después, 29 habían sido devorados y solo quedaba viva una hembra

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La suelta experimental en León debía probar si los ejemplares criados en Valsemana podían adaptarse a la vida salvaje. El resultado fue brutal: una tasa de supervivencia del 3,4% y un debate incómodo sobre qué significa realmente conservar una especie en peligro crítico.