Novak Djokovic se ha convertido en uno de los deportistas más exitosos de todos los tiempos. El jugador serbio, para muchos el mejor tenista de la historia, se encuentra en la recta final de su carrera. Sin embargo, que siga jugando a sus 39 años, convertido aún en una súper estrella mundial, tiene un mérito increíble, casi a la altura de haber ganado 24 títulos del Grand Slam. Y es que a pesar de ver los 40 en el horizonte, todavía se mantiene como el cuarto mejor tenista del planeta en el ranking ATP y este año ha disputado su última final de Grand Slam en Australia. Sin embargo, sus mejores golpes y sus mejores años ya han pasado, aunque todavía sigue dando guerra fruto de su amor por el tenis y de una longevidad deportiva comparable solo a leyendas como Cristiano Ronaldo o LeBron James. Aguantar durante tantos años al máximo nivel no es una tarea fácil y requiere de un cuidado y de una preparación milimétricas. Lo primero, no someter al cuerpo a excesos nocivos como pueden ser las salidas de fiesta y el alcohol. También darle una gran importancia al descanso. Dormir las horas necesarias es clave para que el cuerpo se regenere y se recupere de los esfuerzos. Y, por supuesto, una rutina marcial de ejercicio físico. Pero todo eso sería nada si no tenemos una dieta equilibrada y casi perfecta. Una alimentación donde la disciplina sea la base. Y en el caso de Djokovic, su secreto está en varias claves que consiguieron cambiar su carrera por completo. El culpable fue el doctor Igor Cetojevic, quien se convirtió en el encargado de su dieta a través de la cual impulsó el rendimiento de 'Nole' hasta convertirlo en el mejor de todos los tiempos. Los inicios de su relación se remontan al año 2010. Djokovic, por aquel entonces, era todavía una joven promesa anclada al número 3 del ranking ATP, pero muy lejos de Federer y Nadal. El serbio tenía mucho talento, pero un físico frágil que cuando se ponía a máxima exigencia sufría episodios de asfixia que el balcánico solía achacar a su poca tolerancia al calor. Sin embargo, había un misterio detrás de aquellas crisis. Todo comenzó durante la disputa del Abierto de Australia de aquella temporada. Djokovic jugaba contra el francés Jo-Wilfred Tsonga los cuartos de final. Con 2-1 en el marcador a su favor, el serbio tuvo que retirarse al vestuario por uno de esos procesos que le dejaban absolutamente vacío. Requirió atención médica y se marchó al vestuario. A su regreso, todo fue un desastre, ya que solo consiguió ganar cuatro juegos y terminó perdiendo el partido 2-3. A miles de kilómetros de distancia, en Chipre, Igor Cetojevic se encontraba junto a su mujer, aficionada al tenis, viendo ese partido por expreso deseo de su esposa. Y nada más ver lo sucedido tuvo claro que el problema de Djokovic no había sido el calor. Por eso, tras aquel encuentro, intentó ponerse en contacto con 'Nole' a través de varios amigos en común para hacerle llegar su teoría: una intolerancia al gluten. En julio de 2010, durante una concentración de la selección croata por la Copa Davis, ambos consiguieron encontrarse e Igor le sometió a una prueba simplemente acercando una rebanada de pan de molde a la piel de su brazo y su tripa. Allí confirmó sus presagios. 'Nole' sufría una grave intolerancia a la leche y al trigo, así como una leve intolerancia al tomate. Desde entonces cambió radicalmente su dieta. Eliminó productos como la pasta, la pizza o el pan. Y los sustituyó por verduras, legumbres, carne blanca y pescado. En poco tiempo perdió peso y se hizo más ligero y ágil sobre la pista, teniendo en su elasticidad una de sus mayores virtudes físicas. Pero a la vez, ganó masa muscular y se hizo más fuerte. En cuestión de meses era el jugador más preparado de todo el circuito y llegar al número 1 del mundo fue una cuestión de tiempo. Un simple cambio transformó su vida. Aunque tal y como el propio 'Nole' explica, el suyo es un caso aislado fruto de una enfermedad. Por ello, su dieta no es un plan a seguir apto para todo el mundo. De hecho, su amigo y exentrenador Andy Murray probó a seguir la dieta de Igor Cetojevic y la dejó a los pocos meses al notar que se sentía más cansado de lo normal. Para el serbio fue un cambio clave dejar atrás, no solo el pan y la pasta, si no también los lácteos, los ultraprocesados y el azúcar refinado, ya que eran productos que le inflamaban y le dejaban sin energía. Y desde entonces cambió sin duda su rutina de desayunos. Ahora apuesta casi siempre por una receta a base de un poco de agua, fruta, miel y frutos secos, los cuales le aportan energía rápida y de fácil digestión sin sentirse pesado. Además, los frutos secos le aportan la cuota de grasas saludables necesaria y le producen un efecto saciante sin comer grandes cantidades. Después, su almuerzo se suele componer de verduras, arroz, quinoa, legumbres y alguna proteína ligera, obteniendo energía, vitaminas y minerales, de nuevo sin digestiones pesadas. Los productos limpios y que aportan energía sostenida son claves para el serbio. Y para las cenas no abandona las recetas livianas con algo de verdura, sopas, ensaladas y proteínas fáciles de digerir, vitales para la recuperación y reparación muscular durante el sueño. Una receta de éxito que ha permitido al ganador de 24 'Grandes' no perder agilidad, resistencia y claridad mental durante las dos décadas que lleva de carrera profesional con esfuerzos de más de 4 y 5 horas sobre la pista.