La ciudad que fue victoriana

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Cuando pensamos en la época victoriana solemos imaginar Londres, la niebla sobre el Támesis, los caballeros con sombrero de copa, los detectives, las grandes fábricas y los carruajes recorriendo calles iluminadas por farolas de gas. Rara vez pensamos en Jerez, quizá porque tendemos a considerar que aquel fue un fenómeno exclusivamente británico, ligado a la reina Victoria y al inmenso imperio que gobernó durante buena parte del siglo XIX. Sin embargo, pocas ciudades españolas mantuvieron una relación tan estrecha con aquella Inglaterra como la nuestra.Durante el largo reinado de Victoria, España cambió varias veces de régimen, de monarca e incluso de forma de Estado. Jerez siguió siendo española, por supuesto, pero eso no impidió que desarrollara una relación extraordinariamente estrecha con aquella Inglaterra victoriana que compraba sus vinos, enviaba a sus comerciantes y dejaba su huella en la vida cotidiana de la ciudad.Mientras Gran Bretaña se convertía en la gran potencia económica de su tiempo, el jerez encontraba allí uno de sus principales mercados. Las exportaciones crecieron, se consolidaron relaciones comerciales duraderas y comenzaron a llegar empresarios, comerciantes y familias británicas que terminaron formando una colonia con una influencia muy superior a su número. Aquellos ingleses no solo compraban vino. También trajeron costumbres, aficiones y formas de sociabilidad que acabaron dejando una huella visible en la ciudad.Por eso, cuando repasamos la historia local, aparecen nombres e instituciones que encajan perfectamente en esa imagen victoriana que solemos situar a cientos de kilómetros de aquí. El Lawn Tennis Club nació cuando el tenis era todavía una novedad para la mayoría de los españoles. Lo mismo ocurrió con el polo o con determinadas prácticas deportivas que llegaron de la mano de aquella comunidad británica vinculada al comercio del jerez. Incluso algunos de los espacios de encuentro y de ocio de las élites locales respondían a modelos importados de las Islas Británicas.A veces olvidamos hasta qué punto aquellos llamados sherrybrits formaron parte de la historia de la ciudad. No fueron una anécdota ni un grupo pintoresco de extranjeros de paso. Participaron activamente en la economía local, impulsaron negocios, establecieron vínculos familiares y contribuyeron a convertir Jerez en una ciudad mucho más internacional de lo que solemos imaginar cuando miramos fotografías de la época.Prosperidad económica en JerezQuizá por eso la palabra "victoriano" funciona tan bien en Jerez, aunque a primera vista parezca un contrasentido. No compartíamos gobierno ni bandera con los británicos, pero participamos de un mismo contexto histórico. El siglo XIX transformó profundamente Europa, y nuestra ciudad no permaneció al margen de esos cambios. Mientras en Londres se discutían avances científicos, se construían ferrocarriles y se publicaban algunas de las novelas más influyentes de la historia, Jerez experimentaba una prosperidad económica estrechamente ligada a aquel mundo.Tal vez ahí resida también parte de la fascinación que sigue despertando la época victoriana. Solemos recordarla por sus escritores, sus inventos o sus personajes más célebres, pero fue también una época de enormes contradicciones, de transformaciones aceleradas y de una confianza casi ilimitada en el progreso. Muchas de las costumbres y estructuras sociales que hoy consideramos modernas nacieron entonces.Por eso me resulta curioso cuando alguien se sorprende de que se vaya a celebrar el primer festival victoriano de España en Jerez. En realidad, no estamos celebrando una historia completamente ajena. Estamos observando un capítulo de nuestra propia historia desde una perspectiva distinta. Una historia que habla de vino, de comercio internacional, de intercambios culturales y de una ciudad que durante décadas mantuvo una relación privilegiada con el mundo británico.Quizá la mejor prueba de ello sea que todavía hoy seguimos encontrando esas huellas en nuestras calles, en nuestras instituciones y en nuestra memoria colectiva. Algunas son evidentes. Otras han quedado tan integradas en el paisaje cotidiano que ya ni siquiera las percibimos. Pero siguen ahí, recordándonos que la historia de Jerez fue siempre más compleja y más cosmopolita de lo que solemos creer. Y es precisamente esa historia la que hace posible que, más de un siglo después, todavía tenga sentido hablar de una ciudad que, sin dejar nunca de ser andaluza, también fue un poco victoriana.