Hace unos días oí en boca de Florentino Pérez unas palabras de esas que sientan cátedra por el mero hecho de haber sido entonadas con solemnidad por alguien que cuenta con un foro privilegiado: "De mí no puede dudar nadie. No necesito el dinero”. Al tiempo que digería tamaña falacia sobre el hecho de robar, me venían a la memoria voces de otra época, de cuando yo era muy joven y no opinaba, pero no me quedaba más remedio que escuchar a adultos que debatían y predicaban. Eran los años en que se destaparon los primeros casos de corrupción perpetrados por la izquierda política en una joven España democrática. Las gentes de bien, con gesto arrogante y de perdonavidas, sentenciaban desde sus figurados púlpitos que los políticos debían ser ricos porque ellos no tenían la necesidad de robar; los progres de izquierdas, en ese afán que arrastran por demostrar su equidistancia, admitían el axioma sin ponerlo en entredicho y salmodiaban: es que, para los rojos, pobres de origen, la tentación vive en las arcas del Estado.Pero los ricos no siempre lo han sido y si tiramos del hilo genealógico los hay que amasaron su patrimonio robando, saqueando ciudades después de una batalla; que buenas familias andaluzas y castellanas inflaron su ya considerable riqueza gracias a las desamortizaciones, haciéndose con las tierras de cultivo de conventos y monasterios. Robando al pueblo, pues aquellas desamortizaciones ilustradas pretendían que la riqueza fuera repartida y que en el país, esa España con la que se atragantan los ricos ejemplarizantes, imperase la justicia y entrara la modernidad.Pero no hay que remontarse tanto para quedarse perpleja ante las palabras del presidente del Real Madrid. Para nadie es un secreto, porque ya se encarga él mismo de vociferarlo, que Donald Trump es un rico por los cuatro costados y, aun obviando cómo llegó a esa condición de semidiós, lo que sí sabemos es que sigue practicando el robo: se hace presidente para beneficiar a sus empresas, invade Venezuela para robar el petróleo y quedárselo él, se alía con Israel para hacerse con Gaza y construir viviendas de lujo y resorts, como otro tanto espera hacer en Cuba. Elon Musk se crio entre limusinas y algodones. Según parece, podría haber vivido a todo trapo sin dar un palo al agua, pero el pequeño Elon tras unos añitos de débiles aprietos económicos pronunciaría en voz alta aquel conjuro americano que reza así: "Juro que nunca más volveré a pasar hambre". Y desde entonces no deja de querer más, caiga quien caiga. Los hay nuevos ricos, como nuestro compatriota Amancio Ortega, que tampoco parece haberse saciado una vez alcanzó la condición de hombre más rico de España y hace sus triquiñuelas eludiendo impuestos. Que es lo mismo que robar algo que nos corresponde a todos.Ser ladrón es una palabra muy grande y en ella caben muchos tipos humanos y distintas razones que los llevan a robar: la usamos para designar a quienes roban una manzana en el mercado para aliviar el hambre y a quienes roban para seguir teniendo mucho dinero y, por ende, poder. Estos últimos son ladrones que impiden un reparto justo de la riqueza. A estos les mueve la avaricia y la sabiduría, que en ocasiones ha sido aprendida de sus ancestros y, en otras, de su rapiña: quien más tiene, más quiere; quien tiene mucho, no quiere que otros tengan. Ser rico no te libra de cometer crímenes contra la humanidad. Por lo que nos va enseñando la historia y la realidad actual, si eres ladrón, la riqueza te hará más ambicioso – avaricioso, hará de ti un ladrón más hábil y te ofrecerá más medios para seguir teniendo éxito en tus robos. Así que, señor Florentino Pérez, si usted es un hombre horado y no roba, la razón no está en que tenga dinero. La única razón por la que puede que usted no robe se debe a su honradez. La tentación, como aprendimos con Billy Wilder, siempre vive arriba; luego, unos suben y otros deciden quedarse abajo, porque no quieren robar.