Lo más difícil del mundo siempre es hablar de nuestros problemas, salir de esa zona de confort que nos ofrece el silencio y exponer lo que sentimos, lo que incomoda y al mismo tiempo nos vulneraviliza.La situación en Cuba es muy compleja, ya lo sabemos, abarca todo aspecto de nuestra cotidianidad. Esto contribuye, desde hace muchos años, al detrimento de los valores de las personas, y eso significa que decaigan procesos vitales porque no existe absolutamente un asunto fuera de la mano del ser humano. Y más allá del diseño de cada uno de los renglones que rigen la sociedad, el peor factor es el que nos toca a cada uno de nosotros, el que recae en nuestra responsabilidad, en nuestro pequeño espacio de poder donde nada tiene que ver con la parte materialista sino con bondad.Entre otras razones, pero especialmente por causa del bloqueo y las sanciones de Estados Unidos, en este país se ha vuelto extremadamente difícil cualquier operación relacionada con la economía doméstica.Uno de los problemas más acuciantes se relaciona con la necesidad de hacer pagos en un momento en el cual la mayoría de salarios y pensiones los recibimos en tarjetas magnéticas. Es una iniciativa que nos pareció ventajosa hace algunos años cuando dejaron de pagarnos en físico porque nos gustaba que "nos cayera del cielo", así, de un segundo a otro, puntual, sin hacer cola en la caja de nuestros centros laborales. Además de la garantía de la inmediatez estaba el de sentirlo seguro y que no abultara bolsillos.Entonces el mayor problema era que no había cajeros en todo el país y casi siempre debíamos desplazarnos un poco para extraer, no obstante, no eran tan extensas las filas, podía resolverse esa operación en un ratico y a cualquier hora.Todo comienza con la escasez de efectivo. La inflación, el deterioro masivo de cajeros, pero sobre todo, la poca existencia del dinero impreso es lo que provocó este embrollo con la agravante de que ahora todo cuesta bastante, ya ni el transporte público ni el pan de la cuota lo costeamos con pocas monedas. Y cierto es que el efectivo no es suficiente porque los precios incrementaron, tanto en el sector estatal como en el privado, y que no existe respaldo, por tanto, por más estrategias que el Banco Central de Cuba impulsa, es exiguo. Además, en tiempos de dificultades afloran vicios y oportunistas.Podemos decir que alrededor de los propios bancos ha proliferado una "mafia": grupos de personas organizan y determinan cuánto se extrae de acuerdo a los beneficios que obtienen. Es un secreto a voces que se suma a la experiencia de cobrar el salario, la agonía, diríamos muchos, comenzó con largas colas de horas a la intemperie en cajeros, bancos y afines; más las interrupciones por la falta de electricidad y conexión y la necesidad de repetir operación para conseguir la suma total.Ahora bien, lo alarmante no es que esto suceda, pues ya sabemos que en tiempos de contingencias aparecen los aprovechados; como las personas que cobran por organizar con turnos que privilegian la entrada al establecimiento. Otro problemaSabemos que existen varias modalidades para pagar por vía electrónica, pero tampoco resulta del todo porque no se cumplen las regulaciones y, al parecer, no contamos con mecanismos suficientes para fiscalizar a pesar de que las denuncias llueven. La bancarización se creó para facilitarnos la vida y parecernos más al mundo, pero la realidad va por otra parte. Para nadie es secreto que la economía doméstica se mueve sobre todo en el sector privado, es en el puestecito de la esquina donde encontramos lo que queremos, caro, carísimo, pero allí está muchas veces inaccesible porque casi nunca tenemos efectivo.Por ello, es un verdadero dolor de cabeza tener la necesidad de adquirir, lo que sea, lo mínimo; más cuando se debe comenzar la gestión de pagar porque, aun teniendo suficiente solvencia, es difícil encontrar de manera estable negocios que acepten pago electrónico. Son variables las razones. También ellos tienen dificultad para extraer y pagar al mayorista, pero tal proceder sirve también como coartada para la evasión tributaria.Sean cuales sean los motivos, hay ilegalidad y muy poco se combate, aún cuando las autoridades han hecho llamados al respecto. Al precio desmesurado de algunos productos se le agregan un montón de artimañas y argumentos para no dejar usar canales de pago electrónico. Primero se niegan al "Pago en línea" que, además de ofrecer bonificación, es, diríamos, profesional. Cuando encuentras lugar donde permiten transferir a cuenta común (no a la fiscal), hay requisitos diversos que se repiten como "solo en la mañana", "hasta tal monto", "a partir de tanto", "se le agrega tal por ciento al costo total", y así, una lista infinita y creativa de decisiones que entorpecen y abusan. Ocurre en muchos lugares sin temor de que un inspector les exija el cumplimiento de la ley porque pasa de manera esporádica, y una vez más es el pueblo quien sufre las consecuencias.¿Qué podemos hacer sin efectivo y sin poder usar las vías alternativas? Halarnos los pelos no funciona y en la práctica lo que hacemos es limitarnos aún más, pagar precios aún mayores. Lo que en apariencia llegó para simplificarnos la vida se ha convertido en un dilema, un dolor de cabeza. Sentimos tener el dinero allí secuestrado, que solo nos sirve para pagar los servicios básicos como electricidad, agua y teléfono; pero lo de apuro, lo que nos sostiene en pie como la comida, el aseo y la transportación, queda en terreno de la nada, en la oquedad.Todos esos pequeños decisores que disponen si tenemos efectivo, si podemos pagar con lo que tenemos, ejercen su dominio sin sobresalto, sabiéndose casi impunes, dictando sus maneras siempre a favor personal y nunca pensando como país.A nivel mundial es cada vez más raro que las personas paguen en efectivo o que lleven efectivo encima. Las sociedades se han digitalizado. Cuba inició también este camino que se ha visto empedrado por diversas causas. Pero, lo cierto es que existe una ley que muy pocos cumplen y que exige la obligatoriedad de aceptar el pago electrónico lo mismo en la bodega estatal como en los establecimientos privados. Tampoco se controla su cumplimiento con regularidad por parte de las instituciones encargadas y tampoco nosotros -los ciudadanos y los más afectados- exigimos nuestro derecho como deberíamos.