Reseña de 'La luz del aire' de Juan Jorganes, con ilustraciones de Verónica Bueno y Pilar Quintás

Wait 5 sec.

Pedro Tabernero, editor a imagen y semejanza de la belleza, batallador a partes iguales de estética y ética, traspasando convencionalismos y sin engaños, presentará la colección“A la ya te veré” el próximo 5 de junio en el Ateneo de Santander. En formato de 16,8 x 24 cms, los volúmenes combinan la palabra y la imagen, sello distintivo del Grupo Pandora. Nada más y nada menos que once títulos. Hoy nos ocupa, el octavo volumen de la colección que lleva por título La luz del aire, un conjunto de haikus divididos en cuatro secciones, a saber,  “El mar y las horas”, “Sobre las aguas quietas”, ambas partes ilustradas por Verónica Bueno, y las dos siguientes, “De húmeda tierra verde”, “Los tiempos del año” con imágenes de Pilar Quintás. Ya tuvimos ocasión de referinos a la escritura de Juan Jorganes cuando abordamos su relato, El último valle. En efecto, Juan Jorganes nos llevaba entonces por diversos senderos, especialmente el de un viaje de regreso a la luz, el agua como fluyendo entre espacios atemporales y tiempos sin lugares fijos, inquietudes que sigue compartiendo desde la armonía, breve y precisa del haiku. Si la escritura de Jorganes se distingue por una gran versatilidad que va de la narrativa infantil al ensayo político, pasando por la didáctica y la columna de opinión, el género poético viene a completar el abanico escritural del escritor cántabro. Su primer haiku nos lleva de lo tangible a lo onírico: “Surge la tierra,/entre nubes y mar,/recién parida”. Queda patente la voluntad de evocar el génesis del mundo, acaso la fuerza de la naturaleza, la contundente necesidad de crear. Una imagen poderosa y profundamente poética donde los elementos se confunden y dan a luz a la geografía. El aliento cósmico puede resultar tan breve como intenso, acaso es la propia sustancia del poema de 17 sílabas. Un aliento cósmico que puede además desencandena emisiones de gases, vapores de agua, altas temperaturas, nubes eruptivas, un material incandescente y cenizas, en suma, un volcán rodeado de niebla. En consecuencia, el discurso poético oscilará entre lo sensorial y lo puramente descriptivo, entre el constante movimiento y los contrastes de luz, el inmenso monocromatismo del mar y la profundidad y la voluntad de vagabundear, que nos cantara el inconmensurable Vinicius de Moraes.Ilustración de Pilar Quintás.“Aguas azules, horizonte en azul, nubes azules”, nos escribe Juan Jorganes, pareciendo rendir tributo al planeta azul, o por ser exacto, tratando de fundir cielo y mar en un único plano infinito,  tal sería la piel azul, que, curiosamente cuenta con la perspectiva química que nos asegura que el azul es un color extremadamente raro, necesitando trucos con la luz, una ilusión óptica que está en el seno mismo de la composición poética, ecos y reflejos que Verónica Bueno ha captado con total maestría.Una pintura evocadora, sensorial, casi poética. Se diría que la poesía y la pintura van entrelazando imágenes, símbolos, atmósferas, con el referente de la piel del mar, en una sutil metáfora que humaniza la densidad marina. Verónica Bueno, tiene el reconocimiento del mundo de la pintura con una sobresaliente trayectoria y de la que tuvimos la fortuna de ocuparnos en la colección de Pandora, Relatos del desertor del presidio, Natenska. Con el manejo de varias técnicas, sea el óleo sobre madera multicolor, siempre lo abstracto reafirma su lenguaje propio, vinculando la experiencia emocional a distinas estampas, entre otras, pinturas al óleo de paisajes costeros con rocas prominentes en un primer plano y la potencia del mar como fondo, y, una suerte de empaste grueso que le confiere mayor textura a sus ilustraciones, el énfasis de la pintura abstracta en los paisajes marinos aborda un abanico de colores tan potentes como sugerentes, los paisajes costeros con tonos azules, turquesas, marrones, dorados y toques naranja acentúan los reflejos del sol sobre el agua, acaso su evocación, arte marino texturizado con tanto relieve como profundidad. Verónica Bueno propone con gran acierto lo que podría representar “El mar y las horas” así como “Sobre las aguas quietas”, un rubricar la contemporaneidad así como la abstracción lírica.culturaReseña de 'Ella Minnow Pea, (Una novela progresivamente lipogramática)' de Mark Dunn Albert TorésEn gran medida, hicimos mención del “Azul” que también utiliza como azul cobalto y marino, tonos fríos que contrasta con las zonas claras o colores terrosos para recordarnos esa sensación de movimiento. Un expresionismo abstracto que caracteriza gran parte de su obra y que se implementada por su colorido  que va transformándose o mezclándose de tonos neutros a fríos, de tonos tierras a llamativas texturas. Ciertamente, que lo abstracto es una fórmula para repensar el arte, pero es también un espacio de encuentros donde el paisaje sereno se codea con sus representaciones más salvajes, esto es, la fuerza del mar y del tiempo frente a la quietud de ese mismo mar y ese tiempo que a veces nos brinda.Asomarse a la pintura de Pilar Quintás siempre constituye una razón de gratitud. Aprovecho, esta tribuna para agradecer una vez más, su magistral trabajo para el relato “El arca de Rada” en la colección “Relatos del desertor del presidio”. “De húmeda tierra verde” y “Los tiempos del año” continúan con ese conjunto de fragmentos poéticos cuyas fuerza visual y sugerencia sensorial se plasman en las ilustraciones de Pilar Quintás.Ilustración de Pilar Quintás.La pintora recrea el ritmo de la lluvia, la pausa de la nieve, la contemplación de la naturaleza, una quietud y una melancolía presentes en brillos nocturnos, minerales mojados, o pinares rojizos. Una contundente pintura abstracta que confirma trazos enérgicos y plenos de armonía, creando siempre un movimiento fluido. Las composiciones de Pilar Quintás conllevan movimiento, simbolismo y vitalismo, con una extensa paleta de colores que combina tonos oscuros, azules intensos, tonos tierra o beige, así como un malva cautivador. Sea el acrílico o el óleo, sobre papel o sobre lienzo, resalta de manera sobresaliente su diversidad estilística. Luego, rasgos distintivos, acaso de fusión entre lo abstracto y lo figurativo, un paisaje deconstruido, unos árboles estilizados, un manantial que recuerda una fortaleza secreta rodeada de arboleda, una letra, quizá un caracol, una voluntad técnica de superposición de colores y trazos que en mi libre acontecer, interpreto como ilustraciones polisémicas. Percibo la vibrante mezcla de los colores en su esfera cálida y también fría, la espátula aportando textura, su pincelada elegante y sensual, pero a ciencia cierta en su permanente dimensión intensa.Pilar Quintás transmite energía, emoción, movimiento, entusiasmo. Por si fuera poco, después de cautivarnos, cierra el volumen con una pintura abstracta, ahora en blanco y negro, donde se recurre a técnicos de goteo y salpicadura, que nos hace pensar en Jack Pollock. Una obra esencial para lo que representa el expresionismo abstracto: una sensación inicialmente caótica, aunque a decir verdad, es el momento crucial del movimiento libre. Por tanto, la excelencia literaria, la excelencia editorial y la excelencia pictórica se funden en un abrazo para hacernos vibrar ante “la luz del aire”.