El país que convirtió el vehículo eléctrico en una industria de escala planetaria se enfrenta ahora al reverso de su propio éxito. Las baterías que impulsaron millones de coches limpios empezarán a retirarse en masa, y China quiere rastrearlas con identidad digital para evitar reciclaje ilegal, contaminación y pérdida de materiales valiosos.