Marilyn eterna

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Marilyn Monroe, ese ícono de millones de cinéfilos en todo el mundo, ha cumplido 100 años. Y lo ha hecho en su más plena juventud. Así sucede con las figuras que parten demasiado pronto: su recuerdo queda anclado para siempre a la belleza de esos años luminosos, a la fuerza irrepetible de una imagen que desafía el paso del tiempo.Un siglo después de su nacimiento, Marilyn continúa habitando el imaginario colectivo con la misma frescura, la misma fascinación y el mismo misterio que la convirtieron en una de las mujeres más reconocibles del siglo XX.Nacida como Norma Jean Baker, el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles, tuvo una infancia marcada por las carencias, la inestabilidad familiar y el paso por hogares de acogida. Convertida primero en modelo y luego en actriz, fue escalando posiciones en la industria cinematográfica hasta convertirse en una estrella de alcance mundial.Películas como Gentlemen Prefer Blondes, The Seven Year Itch y Some Like It Hot consolidaron una carrera tan brillante como breve. Su muerte en 1962, a los 36 años, conmocionó al mundo.Marilyn Monroe es un ícono del cine por razones que trascienden las valoraciones estrictamente actorales. Sin ser una intérprete de las que suelen mencionarse entre las más grandes credenciales histriónicas de la historia, poseía una capacidad extraordinaria para conectar con el público.No era únicamente la fuerza de una imagen avasalladora, ni la perfección de una fotogenia casi irrepetible. Había también un caudal de sensibilidad, de emociones y de vulnerabilidad que se transmitía con una simple mirada, un gesto o una sonrisa.En pantalla parecía irradiar una mezcla única de alegría, fragilidad y deseo de ser amada.Su historia personal tiene mucho de epopeya y también de tragedia. Fue la historia de una muchacha que logró abrirse camino en uno de los entornos más competitivos y complejos del mundo para alcanzar una fama que pocos seres humanos han conocido. Llegó a la cima, sin duda alguna. Se convirtió en referencia de una época, en símbolo de glamour, belleza y sensualidad.Pero ese ascenso tuvo un costo enorme. Detrás de los reflectores y de las portadas se escondían inseguridades, angustias y heridas que nunca terminaron de cicatrizar.Para el público de entonces —y también para buena parte del de hoy— Marilyn representaba una mujer exultante, llena de encanto y magnetismo. Sin embargo, detrás de aquella figura radiante existía una persona sometida a numerosas pruebas, a presiones profesionales y emocionales que terminaron por desbordarla.Su vida revela la distancia que puede existir entre la imagen pública y la realidad íntima de un ser humano. Quizás por eso su figura sigue despertando tanta empatía: porque en ella convivían el brillo del mito y las vulnerabilidades de una persona común.Cien años parecen una cifra suficientemente contundente para confirmar la dimensión histórica de un personaje cultural. Pero en el caso de Marilyn Monroe ocurre algo singular: el tiempo no la ha convertido en una reliquia, sino en una presencia permanente.Desde las películas que continúan exhibiéndose en salas, ciclos y plataformas, sigue emocionando, sigue seduciendo y sigue encantando a los espectadores. Como ocurre con las grandes figuras de la cultura —incluidas aquellas que pertenecen al ámbito de la cultura popular— Marilyn permanece en la memoria colectiva en su más radiante plenitud, eternamente joven, eternamente fascinante.Un ciclo en la CinematecaLa Cinemateca de Cuba ha organizado el ciclo Marilyn: desconocida y trágica para conmemorar el centenario del nacimiento de la legendaria actriz estadounidense. La muestra permitirá revisitar aspectos de la trayectoria artística y humana de quien, según el crítico Joel del Río, fue "la heroína más conmovedora de la leyenda cinematográfica de Hollywood".El programa comenzará el próximo 5 de junio con la exhibición de Nunca fui santa (1956), de Joshua Logan, e incluirá títulos vinculados a la actriz como el documental Marilyn, últimas sesiones (2008), de Patrick Jeudy, y Mi semana con Marilyn (2011), de Simon Curtis, prevista para el domingo 7 de junio. Esta última ha recibido numerosos reconocimientos por la calidad de sus actuaciones y la manera en que recrea momentos de la vida de la estrella.Durante la segunda semana del ciclo se proyectarán Los inadaptados (1961), de John Huston; La oración (1984), de la realizadora cubana Marisol Trujillo; Marilyn Monroe: Los últimos días (2001), de Patty Ivins Specht; y, como cierre, Insignificancia (1985), de Nicolas Roeg. Con esta programación, la Cinemateca de Cuba propone un acercamiento a la obra y al legado de una artista cuyo centenario confirma la vigencia de una figura que continúa fascinando a espectadores de todo el mundo.