Se presta

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Ha sido celebrar su cuarenta cumpleaños y empezar a recibir quejas la dirección del Museo Reina Sofía. Llegan por centenares, hasta colapsar varios buzones electrónicos –especialmente afectados están siendo los de los departamentos de Exposiciones y Colecciones; la pobre gente no sabe a qué ventanilla dirigirse–, y las remiten los turistas extranjeros que a la buena de Dios y sin tener ni papa de lo que allí se conserva acuden al centro con la esperanza, de inmediato frustrada, desengaño sobre lienzo, de contemplar con sus propios ojos lo que un buen día pudieron ver por la tele, pública y globalizada para reclamo y hechizo de los amantes internacionales del mejor arte. Ni rastro de tanta belleza como prometía aquel reportaje que dio La 1. Se van desfondados y escriben mensajes de estupor y decepción a la primera dirección que encuentran cuando regresan al hotel. Algunos vuelven al museo al día siguiente, tenaces e ilusionados, con la esperanza de quedarse de piedra ante aquella maravilla del género de la 'performance' que entrevieron en aquella pieza promocional, publicidad engañosa que les condujo al chasco. «Te juro que estaba por aquí, delante de la mierda esta del 'Guernica'». «Lo habrán prestado para una exposición, quién sabe. Ya nos pasó en Florencia, ¿te acuerdas? Déjalo ya, Liam, y vamos al Bernabéu». Como las cosas nunca pasan por casualidad, el fenómeno se repite de forma simultánea en Barcelona, cocapital del Estado compuesto. De unos días a esta parte en la Sagrada Familia reciben más reclamaciones que donativos. La razón de tanto reproche es el mismo que en el Reina Sofía. Los aficionados al arte se sienten estafados: no dan con aquello que los cautivó –otra 'performance', y del mismo artista– cuando en TVE pusieron aquel especial sobre el gigantesco mecano catalán. «Te juro que estaba por aquí, delante de la mierda esta de hormigón». «Lo habrán prestado para algo del Papa, averigua tú. Ya nos pasó en Oslo, ¿te acuerdas? Déjalo ya, Oliver, y vamos a las obras del Camp Nou». Atando cabos con una IA, la consultora a la que la dirección de estas dos atracciones turísticas encargó la investigación llegó a la conclusión de que el malentendido fue provocado por el locutor de los dos reportajes promocionales, célebre en España por su afán de protagonismo, pero cuya sobreactuación fue malinterpretada en el extranjero. Prendados de su gracia, arrebatados por un arte que llenaba la pantalla hasta taparlo todo , no sabían Liam u Oliver lo mucho que el buen hombre se presta.