Las emociones humanas pueden transmitir información incluso cuando no pronunciamos una palabra ni realizamos un gesto. Nuestro cuerpo produce señales químicas que pueden pasar desapercibidas para nosotros, pero que otros animales son capaces de percibir. Un estudio de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Vetmeduni) apunta a que los perros y los lobos pueden detectar señales olfativas vinculadas al miedo humano y cambiar su comportamiento ante ellas. El descubrimiento ofrece nuevas pistas sobre cómo surgió la sensibilidad de los animales hacia nuestras emociones.Aunque los perros llevan muchísimo tiempo conviviendo con los seres humanos, todavía no está claro hasta qué punto su capacidad para interpretar nuestras emociones es consecuencia de la domesticación o si procede de características que ya estaban presentes en sus antepasados. Comparar su comportamiento con el de los lobos, sus parientes evolutivos más cercanos, permite explorar esta cuestión.Perros y lobos frente al olor de las emociones humanas A la izquierda un husky siberiano, a la derecha un loboPara abordar este tema, un equipo de la Unidad de Domesticación del Instituto Konrad Lorenz de Etología estudió 19 animales: 11 perros y 8 lobos que habían sido criados por humanos y están acostumbrados al contacto con personas. El experimento se basó en la capacidad olfativa de ambas especies. Los investigadores observaron cómo reaccionaban los animales cuando ambos contenían olores neutros y cuando uno de ellos incluía sudor asociado al miedo.Las muestras se obtuvieron de mujeres que habían visto películas capaces de provocar miedo o de generar un estado emocional neutro. Después, los científicos analizaron las reacciones de los animales a partir de grabaciones de vídeo.Los resultados revelaron que los perros y los lobos no preferían sistemáticamente uno de los objetivos. No obstante, la presencia del olor relacionado con el miedo parecía alterar su manera de interactuar con el entorno. Ambos grupos pasaban menos tiempo cerca de las muestras y dirigían más miradas hacia sus cuidadores, un comportamiento que podría indicar incertidumbre o una mayor necesidad de obtener información de los humanos. Una mujer es atacada por un lobo y sobrevive plantándole cara durante diez minutosNo todas las respuestas fueron iguales. Los perros tendían a terminar las sesiones antes cuando detectaban el olor a medio, mientras que los lobos no mostraban esa misma tendencia. Además, ambas especies visitaban los objetivos con mayor frecuencia cuando estaba presente dicho olor. Esta última observación resulta muy interesante, ya que apunta a que la reacción no consiste simplemente en evitar una señal desagradable. La novedad o la activación emocional también podrían impulsar a los animales a investigar aquello que perciben.Una sensibilidad compartida, pero respuestas diferentes La variabilidad individual también aparece en investigadores anteriores. En un estudio publicado en 2025, Svenja Capitain y su equipo examinaron a 61 perros y comprobaron que el olor asociado al miedo humano podía provocar cambios en su conducta, como bajar la cola o retrasar el acercamiento. Sin embargo, algunos animales se aproximaban más rápidamente a esa muestra que a la de olor neutro. Por tanto, la experiencia previa y el aprendizaje podrían determinar cómo interpreta cada perro estas señales.Que los lobos también respondan al olor del miedo plantea la posibilidad de que esta sensibilidad no surgiera exclusivamente durante la domesticación. Podría existir una capacidad anterior, compartida por ambas especies, que se manifiesta cuando mantienen una relación cercana con los seres humanos. No obstante, hacen falta más investigaciones para distinguir la influencia de la evolución de la que ejerce la convivencia con las personas.