Lamine Yamal nos está obligando a no entender nada de lo que vemos. Y no hay nada más bonito que la incomprensión previa al descubrimiento. Y al placer. Danzó en el infierno de Estambul mostrando pasos quizá nunca antes vistos. No hubo más que ver el gesto petrificado de su defensor, Eren Elmali, cuando Lamine le engañó con un amago de rabona para recortarle y trocear los huesos de su cadera antes de brindar el gol a Anthony Gordon, que debió sentirse el chico más afortunado del mundo al compartir escena con semejante elemento. Lamine, al que el bigotito le da aire de profesor enrollado, tiene toda la vida por delante para dar lecciones.Seguir leyendo....