Primer desplazamiento serio del Barça en la Champions ante un rival que nunca esperas que gane la competición pero que siempre pone los partidos difíciles a su rivales, sobre todo en su casa. Tras las porterías había enormes carteles en favor de Hamas, aunque por supuesto utilizando los eufemismos de Gaza y Palestina. Desigual listón de la UEFA a la hora de permitir manifestaciones políticas en los estadios. Si se puede hacer apología de unos terroristas que niegan el derecho de existir de Israel, ya nadie se tendrá que extrañar cuando algún día aparezca una esvástica. El Galatasaray ponía la intensidad y el Barça la habilidad para mantener la posesión e intentar asentarse en el partido. Joan García evitó el primer gol local con una salida muy oportuna con la cabeza. El nivel de tensión defensiva de este portero, y su extraordinario sentido de la anticipación, es la primera piedra del éxito de su equipo. No era descartable que el Barça sufriera algún accidente en una contra turca, pero la sensación era de que no tardaría en controlar y ganar el partido si era capaz de tener un poco de paciencia y tranquilidad. El Barça respiraba bien, jugaba con personalidad, sabía distinguir los momentos para templar el juego o para atacar más rápido, pero ante los turcos no era el tanque indiscutible y avasallador que suele ser contra los rivales menores. Muy fallón en los controles Dani Olmo, tomado por una cierta angustia. No es tanto que fallara ocasiones claras como que por su torpeza el equipo no podía llegar a crear peligro. Cuando el Galatasaray conseguía tener el balón daba la impresión de no saber qué hacer con él. Lenta la lluvia caía sobre Estambul. Cerca de la media hora llegó el accidente y en una contra muy rápida el Galatasaray se adelantó de rebote, aunque es preciso decir que Pedri dejó algo desguarnecida la defensa de su equipo. Y al cabo de tres minutos el Barcelona tuvo la suerte de su vida con el VAR, porque el Galatasaray marcó el segundo y quedó anulado por un fuera de juego. La 'suerte' no fue porque el fuera de juego resultara dudoso sino porque la jugada estuvo muy mal defendida. De todos modos algo estaba claro: el primer gol fue algo más que un accidente y los turcos, aunque poco delicados en el toque, sabían cómo dañar al equipo de Flick. El Barça tuvo momentos de desconcierto, como si la noche se le hiciera larga y pesada. Pero ni siquiera en estas circunstancias perdió la compostura, y continuó intentando llevar el partido a su terreno. Es algo admirable en este equipo que incluso cuando no le salen demasiado bien las cosas, no renuncia a una idea muy concreta de cómo se juega al fútbol. Y fruto de esta perseverancia llegó el empate, obra de Cancelo, que culminó con un buen disparo una jugada marrullera y no demasiado brillante. El desconcierto cambió de bando y Gordon pudo marcar el segundo, pero respondió con una sensación parada Çakir, el portero de los turcos, sobresaliente durante toda la primera parte. Lamine inauguró la segunda parte de un taconazo genial pero Gordon tiene un problema con la portería y falló el remate cuando era más fácil marcar. El Barça regresó a la luz de los primeros minutos del partido y Fermín, que no tiene ningún problema con la portería, ni con aparecer cuando menos se espera, remató de cabeza otro centro buenísimo del sarraceno de Rocafonda. El Galatasaray menguó hasta desvanecerse y el Barça volvió a ser el equipo que aplasta a los rivales menores, y por fin Gordon pudo sumarse a la fiesta goleadora gracias a la jugada y centro de Lamine, que fueron de otra galaxia. Adeyemi -marcó el cuarto a un rival que empezaba a dar pena- y Gabriel Jesús entraron por Olmo y Gordon. El Barcelona supo sufrir sin desesperarse, el Galatasaray no supo administrar su buena primera parte y es un insulto a la democracia y a la libertad que la UEFA permita propaganda antisemita cuando en otros casos se las da de tan pulcra. Pedri y Eric García fueron sustituidos por Marc Bernal y Koundé; y en el 80 Gavi entró por Fermín, monumental.