La vida moderna trae la obsesión del rendimiento, el éxtasis de la eficacia. Resulta que hay que existir según la agenda, haciendo abdominales de estrés y pilates de prisas. Hasta la felicidad hay que trabajarla, premeditadamente. Han pasado unas pocas nubes desde que eramos dichosos por descuido, durante una tarde, sin enterarnos siquiera. Pero ahora ya no tenemos pasiones o desganas sino actividades, largas actividades laboriosas. No practicamos el encuentro sino la vida social. El sofá se llama autocuidado. Si leyéramos, no está ahí el disfrute de una prosa suculenta o un poemario celeste, sino la práctica del atletismo de una zona del cerebro, el desarrollo de vocabulario y la gimnasia de la empatía. Poco falta para que vendamos a... Ver Más