Netflix vive un delicado momento de transición. Por un lado, la compañía acaba de prescindir de su directora de contenidos, Bela Bajaria, junto al dramático despido de hasta 1.000 empleados: una de las mayores reducciones de plantilla de su historia. Y por otro esto coincide con su progresivo interés en apostar más por la exhibición tradicional. A partir de su distribución internacional de La bola negra (película española que pasa por ser una de las grandes aspirantes a los Oscar), Netflix empezará a revelar sus cifras de taquilla.Es algo que no había hecho nunca porque la exhibición en salas tradicionales había tendido a ser testimonial: siempre de cara a eventos especiales o películas con opciones oscarizables, que solo podían aspirar a competir en los premios si pasaban por este modelo. Pero de un tiempo a esta parte en Netflix consideran que la exhibición tradicional es un negocio prometedor: por el prestigio, por el buen rendimiento que tienen producciones en streaming tras su paso previo por salas, y porque así pueden atraer a más directores consagrados.¿Directores como David Fincher? Fincher lleva unos cuantos años trabajando con Netflix y hasta ahora parecía haberse entendido de maravilla con el streamer: hasta que de pronto, hace unos días, nos enteramos de que había rescindido su contrato con la compañía. No trascendió exactamente por qué, aunque el inminente estreno de Las nuevas desventuras de Cliff Booth, su última película, hacía pensar que todo estaba relacionado. Y en efecto.El lío de 'Cliff Booth'Un artículo de Page Six ahonda en los motivos de la marcha del director, y todo pasaría por un agrio enfrentamiento con Dan Lin, actual presidente de la división cinematográfica de Netflix. En años anteriores Fincher había ido desarrollando para Netflix la serie Mindhunter y dos películas: Mank y El asesino. Pero estas producciones llegaron en el marco de la gestión de Scott Stuber, que fue reemplazado por Lin en 2024.Lin, por su parte, había reducido a más de la mitad el número de películas originales de Netflix, plantando distancia con un Stuber que había acostumbrado a darle a los grandes cineastas todo el dinero que necesitaran para quedar conformes con sus películas. En esto nos plantamos con Cliff Booth: la secuela de Érase una vez en Hollywood, por la que el protagonista Brad Pitt ha cobrado 40 millones de dólares, el guionista Quentin Tarantino 20 millones, y el propio Fincher otros 20. 80 millones al margen del rodaje, así que Cliff Booth ha resultado un film carísimo: se estima que el presupuesto total es de 200 millones.Y podría haber sido más. A Fincher, parece, le gustaría que hubieran sido más. Este verano trascendió que el cineasta (conocido por su perfeccionismo, y por rodar hasta 70 tomas hasta quedar satisfecho) no estaba muy convencido del montaje de Cliff Booth. Así que quiso hacer reshoots: rodar nuevas escenas que iban a requerir una considerable inversión extra. Una suma a la que Lin se negó originalmente, tras el despilfarro previo.Al final Lin accedió pero los reshoots (que implicaban la reconstrucción de varios sets) no contaron con todos los recursos que Fincher hubiera querido. Estos conflictos impidieron que Cliff Booth pudiera proyectarse en algunos de los festivales de otoño porque no estaba lista, y ahora mismo la idea es que se estrene en cines este 25 de noviembre para incorporarse al catálogo de Netflix en la temporada navideña.Dan Lin al borde del precipicioLa cuestión es que las “ataduras” de Lin han terminado hartando a Fincher, y este es el motivo por el que se ha marchado de Netflix. La situación es si cabe más delicada porque en los últimos días ha ido trascendiendo que hay otros cineastas que tampoco tragan a Lin.Ben Affleck, director y protagonista de la recientemente estrenada Animales (que la crítica ha aborrecido), tuvo conflictos similares con el responsable de la división cinematográfica.Mientras que el siguiente gran blockbuster de Netflix tras Cliff Booth y La bola negra, Narnia: El sobrino del mago, ha experimentado igualmente dificultades. Greta Gerwig ha chocado con Lin por el montaje final, y Lin se ha empeñado en retocarlo al no estar convencido de la calidad de la película. La conclusión final de todo esto es que, en plena transición de Netflix, Lin se la está jugando mucho con Cliff Booth y Narnia.Si ninguna de estas películas funciona (si en efecto su resultado deja mucho que desear), Netflix le despedirá al igual que ha hecho con Bela Bajaria y el resto de empleados. Se cuenta que Michael De Luca y Pamela Abdy, antiguos y respetadísimos presidentes de Warner Bros. Pictures que han sido despedidos tras su conversión en Skydance, están aguardando su oportunidad.