Trump le pasa a Zelensky la factura de sus errores en Irán y le abre una oportunidad a Putin

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Al final, Volodimir Zelensky sí tenía algunas cartas. Después de más de cuatro años de guerra, Ucrania había encontrado una manera de llevar el conflicto a un terreno donde a Vladímir Putin le duele: la infraestructura energética que alimenta la economía rusa y financia la invasión. Con drones de fabricación propia, Ucrania multiplicó en las últimas semanas los ataques contra refinerías, depósitos y otras instalaciones petroleras, elevó los costos de mantener la guerra para el Kremlin y amenazó con reducir sus ingresos por exportaciones de combustible.Pero entonces intervino Donald Trump. Con el precio del diésel en Estados Unidos disparado y las elecciones de mitad de mandato de noviembre a la vuelta de la esquina, el presidente estadounidense anunció la semana pasada un acuerdo para liberar combustible ruso en los mercados y presionó a Ucrania para que frenara sus ataques contra las refinerías. El viernes por la noche, después de una semana en la que la palabra “traición” se repitiera entre columnistas y analistas, le tiró otro salvavidas a Putin al suspender temporalmente la aplicación de las sanciones de la llamada Ley Graham que el Congreso había aprobado contra Moscú.La maniobra desencadenó la crisis diplomática más profunda entre Estados Unidos y Ucrania desde la ya célebre acalorada discusión en el Salón Oval en la que Trump le planteó a Zelensky que no tenía las cartas, tensionó al límite la relación entre los dos líderes y abrió un enorme signo de interrogación sobre el futuro de la arquitectura de seguridad europea.Los intereses que guían la relación entre Trump y Putin son uno de los grandes misterios geopolíticos de nuestro tiempo, pero este puede ser uno de esos casos en los que la explicación más simple es la correcta. ¿Está el presidente norteamericano dispuesto a que millones de ucranianos pierdan su libertad y su democracia para que su partido no pierda el control del Congreso? No son pocos los que piensan que sí.“Trump está poniendo su posición electoral por delante de la seguridad, la protección y la vida de los ucranianos, y esto no debería pasar inadvertido para los espectadores ni para los responsables de la toma de decisiones a ambos lados del Atlántico”, resumió Tom Keatinge, director del Centro de Finanzas y Seguridad del Royal United Services Institute de Londres, en declaraciones a CNN.Como mínimo, Trump le está pasando a Zelensky la factura de sus propios errores en Irán. El presidente norteamericano necesita mostrarles a los norteamericanos que puede contener el costo de vida, uno de los factores que amenazan con erosionar el respaldo a los republicanos en las elecciones. Pero su respuesta rápida a la crisis energética le ofrece al mismo tiempo a Putin una posible fuente de ingresos y debilita una de las herramientas con las que Kiev había conseguido presionar a Rusia. En el trasfondo, circulan los rumores de los grandes negocios que los enviados de Trump están planeando en Rusia.“Esto parece un intento abrupto y desesperado de obligar a Ucrania a rendirse y salvar la economía rusa, tal vez para completar múltiples acuerdos comerciales en discusión”, opinó Anne Applebaum en The Atlantic.Para justificar las concesiones a Moscú, la Casa Blanca culpó abiertamente a las incursiones con drones ucranianos contra refinerías rusas de disparar los precios globales, una afirmación ampliamente cuestionada por los especialistas del mercado petrolero. Analistas energéticos del sector, como Sarah Raffoul de Argus Media, señalan que el cuello de botella que ahoga el suministro global no proviene del frente oriental europeo, sino del conflicto que la propia administración Trump e Israel iniciaron contra Irán, que paralizó el tránsito de petroleros en el estrecho de Ormuz. Además, los volúmenes de diésel acordados con Rusia (aproximadamente 2,25 millones de barriles) representan una cifra insignificante en la escala del mercado norteamericano, que consume esa misma cantidad en apenas 13 horas. La medida difícilmente reducirá los valores en los surtidores de Estados Unidos, pero sí inyectará recursos vitales a la maquinaria de guerra de Putin.“Estados Unidos representó durante mucho tiempo la libertad y la democracia; ahora solo representan el diésel. Es una mezcla de bancarrota intelectual y moral exigirnos la paz cuando lo que proponen es una capitulación empaquetada”, lamentó el periodista ucraniano Vitaly Sych.Trump presentó la pausa en los ataques contra instalaciones energéticas como un paso hacia la desescalada, pero no consiguió establecer una tregua recíproca. Ucrania aceptó frenar temporalmente los ataques a las refinerías rusas después de las presiones de Washington. Rusia, sin embargo, continuó golpeando el sistema energético ucraniano y las ciudades del país. Cuando los ataques rusos continuaron, Zelensky anunció que Ucrania retomaría las operaciones contra las instalaciones petroleras del enemigo.Lo que siguió fue una escalada en el amargo intercambio de agravios entre Zelensky y Trump, que ya había sugerido que “era momento de que Ucrania se consiguiera un nuevo presidente”. En una entrevista con el Financial Times, el presidente ucraniano cuestionó la relación de su par norteamericano con Putin. “¿Cómo puede Trump ser amigo de él? Creo que es un error”, dijo. Y el viernes envió otro dardo desde Bruselas cuando, acompañado de sus pares europeos, dijo que era un alivio estar rodeado de “verdaderos líderes”.Zelensky también dejó en Bruselas una escena que generó risas y pareció resumir el momento que atraviesa su vínculo con Trump. Ante la consulta de un periodista sobre si creía que lo estaba convirtiendo en un “chivo expiatorio” para desviar la atención de sus propios problemas de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato, el presidente ucraniano, que antes de dedicarse a la política fue humorista, guardó silencio durante unos segundos. Luego esbozó una sonrisa y respondió con ironía: “Esta es mi respuesta”.Las fases de la guerraPara entender la importancia estratégica de este giro, conviene mirar la evolución militar del conflicto. El analista David French describió la guerra como una sucesión de etapas que ayudan a explicar por qué las decisiones de Washington llegan en un momento especialmente delicado para Ucrania.La primera fue el fracaso de la guerra relámpago rusa de 2022. Moscú pretendía tomar Kiev, derribar al gobierno de Zelensky y someter al país en pocas semanas. La resistencia ucraniana y los errores del ejército ruso frustraron ese plan. Rusia debió retirarse de las regiones cercanas a la capital y concentrar sus esfuerzos en el este y el sur.Ante la imposibilidad de una victoria rápida, se inició la segunda fase: una despiadada guerra de desgaste en el Donbás. En este período, Moscú utilizó su aplastante superioridad en artillería e infantería para desgastar progresivamente a las defensas ucranianas, un momento de la guerra en el que los avances territoriales se medían en pequeñas franjas de terreno a cambio de enormes pérdidas.La tercera fase comenzó con la expansión de la guerra de drones. Ucrania desarrolló una capacidad de ataque de largo alcance que le permitió llevar el conflicto a instalaciones militares, logísticas y energéticas situadas muy detrás del frente. Las refinerías se convirtieron en blancos prioritarios porque su funcionamiento sostiene tanto las exportaciones rusas como el abastecimiento interno. Incapaz de romper el frente, Rusia derivó hacia una estrategia de castigo sistemático contra las ciudades. Con el frente estancado, Putin apostó a bombardear la infraestructura eléctrica, hídrica y de calefacción para hacer inhabitable la vida urbana en invierno y quebrantar la moral civil de los ucranianos. Y ahora Ucrania siente que Trump le quiere sacar su mejor carta.“La estrategia de Putin es desgastar a Ucrania haciendo que sus ciudades sean inhabitables en invierno. Qué escandaloso que el presidente de Estados Unidos se haya convertido en su mejor arma”, denunció The Economist.La reticencia de Zelensky a dejar de atacar refinerías tuvo consecuencias. En los últimos días, funcionarios ucranianos denunciaron problemas en el acceso a sistemas de comunicación y alertas. La administración estadounidense sostuvo que continuaba compartiendo inteligencia con Kiev, mientras que las versiones sobre las restricciones a Starshield, la red de comunicaciones militares vinculada a SpaceX, alimentaron la preocupación por el alcance de las decisiones de la Casa Blanca. Reuters informó que la orden de limitar el servicio para el ejército ucraniano se originó dentro de la Casa Blanca, aunque no identificó al funcionario responsable. El propio Elon Musk alimentó la sensación de un quiebre sin retorno al pedir la cabeza de Zelensky esta semana.And so the slaughter continues …Time for Zelensky to go https://t.co/tMBThajxhH— Elon Musk (@elonmusk) October 15, 2026La desesperación de Ucrania es la de toda Europa, blanco a lo largo de todo el conflicto de una guerra híbrida por parte del Kremlin que incluye desde drones furtivos hasta interferencia electoral (el jefe del MI6 confirmó el lunes pasado una injerencia rusa con “bastante fuerza” en el referéndum del Brexit). Un ciberataque masivo contra heladeras en supermercados de Francia esta semana fue otra novedad. No pudo ser comprobado que Rusia estuviera detrás, pero sirvió como un recordatorio de hasta dónde es capaz de llegar el Kremlin para desgastar el apoyo europeo a Ucrania y dividir al bloque.Una estrategia que de a poco va dando resultados. “Creo que es un error prolongar el financiamiento de una guerra que ya está perdida”, dijo en una entrevista publicada esta semana Alice Weidel, la líder del partido Alternativa para Alemania, la formación de ultraderecha que en los últimos meses tuvo importantes avances electorales y que ahora nadie se anima a descartar que tarde o temprano llegue a gobernar la economía más grande de Europa.