La exploración espacial lleva décadas usando paneles solares y generadores de radioisótopos para alimentar sus sondas. Los límites de ese enfoque son conocidos: a partir de Marte, la radiación solar es tan débil que los paneles no dan lo suficiente para misiones ambiciosas. El acuerdo firmado esta semana entre la NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos cambia ese escenario con una hoja de ruta concreta. Lo informa Interesting Engineering el 12 de octubre de 2026 citando el comunicado firmado por el administrador de la NASA Jared Isaacman y la secretaria de Energía Janet Wright.El plan tiene dos hitos: Space Reactor-1 Freedom, diseñado para operar en órbita y alimentar plataformas de propulsión, con lanzamiento previsto para 2028; y Lunar Reactor-1, orientado a la superficie de la Luna para las bases permanentes del programa Artemis, con fecha objetivo de 2030. Ambos usan tecnología de fisión nuclear de baja potencia, diferente de la propulsión por fusión que llevan años desarrollando laboratorios privados como Helion.¿Qué cambia la energía nuclear para la exploración del sistema solar?La respuesta está en los números de propulsión. Con los motores químicos actuales, un viaje a Marte dura entre 6 y 9 meses dependiendo de la ventana orbital. Con propulsión nuclear térmica —donde el reactor calienta propelente en lugar de reacciones químicas— esa ventana se comprime a 3-4 meses, lo que reduce drásticamente la exposición a radiación de la tripulación y el tamaño necesario de las reservas de consumibles.La misión Dragonfly, aprobada por la NASA para estudiar la luna de Saturno Titán con un helicóptero robótico, tiene lanzamiento en 2028 y usa generadores de radioisótopos convencionales. Space Reactor-1 está pensado para lo que venga después: misiones a los satélites helados de Júpiter o a los asteroides del cinturón exterior, donde ni los paneles solares ni los generadores de plutonio tienen potencia suficiente.Llevo siguiendo el programa nuclear espacial de la NASA desde la cancelación del proyecto Prometheus en 2005, que prometía algo muy similar y murió por recortes presupuestarios. Lo que hace diferente este momento es la combinación de tres factores: el apoyo político bipartidista que no existía en 2005, la competencia con China y Rusia —ambos países tienen programas de propulsión nuclear espacial activos—, y la presión de la industria privada, con SpaceX y Blue Origin que necesitan propulsión más eficiente para sus propias ambiciones más allá de la órbita terrestre.La carrera nuclear espacial que nadie nombra asíEl acuerdo entre la NASA y el DOE llega en un contexto de competencia estratégica que raramente se llama por su nombre. China ha anunciado un reactor de propulsión nuclear para sus misiones lunares en la década de 2030. Rusia tiene el proyecto Zeus, que incluye un remolcador espacial nuclear que debería estar operativo antes de 2030. Estas fechas no son casualidad: el primer país que demuestre propulsión nuclear funcional en el espacio establece una ventaja de alcance que los demás tardan décadas en igualar.La dimensión dual de la tecnología —los mismos reactores que alimentan bases lunares pueden alimentar plataformas de armas cinéticas en órbita— es el elefante en la habitación que todos los comunicados oficiales evitan mencionar. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe armas nucleares en el espacio, pero no reactores de fisión. El espacio legal es amplio y la tentación estratégica, evidente.El argumento que me parece más sólido a favor de esta apuesta: la tecnología nuclear para paliar el dilema energético de la IA ya está acelerando el desarrollo de reactores modulares pequeños en tierra. Los aprendizajes de esos proyectos —miniaturización, gestión de residuos, seguridad pasiva— son directamente aplicables a los reactores espaciales. Por primera vez en décadas, los cronogramas de 2028 no parecen wishful thinking.La noticia La NASA y el Departamento de Energía acuerdan el primer reactor nuclear para misiones espaciales en 2028 fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.