Las 5 películas que tardaron menos en rodarse de todos los tiempos

Wait 5 sec.

Como lo acaba de demostrar The Batman 2, filmar una película siempre será una combinación de factores. Por un lado, la más pura casualidad, en la que intervienen elementos tan dispares como el clima hasta la salud de los actores. Para la historia, quedan historias como el rodaje de pesadilla de Apocalypse Now o todos los obstáculos que atravesó El Padrino. Eso sin olvidar proezas de ingeniería como la filmación de Titanic o conflictivos como el de El resplandor de Stanley Kubrick. Lo cierto es que llevar el proyecto de un guion a la pantalla grande no siempre es un trayecto recto, fácil u ordenado. Mucho más, cuando un rodaje es una empresa a gran escala que involucra, además, visión artística y capacidad logística. Una mezcla de situaciones que pueden ocasionar dos resultados posibles. Por un lado, un triunfo de organización que brinde espacio e importancia a todo el equipo detrás de cámara. O al contrario, un desorden a todo nivel que empuje a la futura producción a caminos inciertos. Lo que sea que ocurra, lo que implica filmar una película siempre será motivo de interés y asombro. Pero mucho más cuando toda la travesía rompe esquemas, récord y hasta comienza a formar parte de la historia del cine universal. Como estas cinco películas que te dejamos a continuación con tiempos asombrosamente cortos de filmación. De una increíble historia filmada en menos de un día hasta un hito del terror que se convirtió en una gran aventura cinematográfica. Todo para los amantes del cine y sus rarezas. Una proeza técnica de menos de dos horas de rodajeLa proeza técnica del drama alemán Victoria (2015), dirigido por Sebastian Schipper, redefinió los límites de rodaje del cine contemporáneo. Eso, al ser filmado en un único plano secuencia real de 140 minutos de duración continua. La historia sigue a una joven española en Berlín arrastrada hacia un peligroso robo bancario a mitad de la noche. Por lo que se necesitaba sentido de la urgencia y angustia frenética. Por eso, la cinta se grabó por completo entre las cuatro y media y las siete de la mañana en una sola jornada. Dado que la película carece de cortes, transiciones digitales o edición posterior, el tiempo de rodaje coincide con el tiempo transcurrido en la trama. El equipo técnico y los actores tuvieron que ensayar de manera exhaustiva durante semanas la coreografía precisa de cada escena. Hacerlo, además, a través de múltiples locaciones reales de la ciudad, sabiendo que cualquier error obligaría a reiniciar la filmación desde el principio. Schipper realizó únicamente tres intentos completos a lo largo de tres noches distintas, siendo la última toma la que se transformó en el corte definitivo. Esta vertiginosa filmación dota a la producción de un realismo asfixiante y orgánico. Una además, en que el agotamiento físico de los personajes y la tensión dramática evolucionan cronológicamente ante los ojos del espectador. De este modo, la cinta se consolida como uno de los ejercicios de planificación y ejecución cinematográfica más eficientes de la historia. Un solo día en el museo El extraordinario drama histórico El arca rusa (2002), del cineasta Aleksandr Sokurov, tiene la marca de haber sido filmada en una sola toma. Eso a lo largo de 96 minutos dentro del Museo del Hermitage. El ambicioso proyecto sigue un recorrido onírico y poético a través de treinta y tres salas del fastuoso palacio en San Petersburgo. Por lo que transforma el espacio físico en una máquina del tiempo que transporta al espectador por tres siglos de la historia y el arte imperial de Rusia. Para lograr esta proeza técnica, el equipo detrás de cámaras tuvo un largo y complicado camino de trabajo. Para comenzar, el director usó una cámara Sony Cinealta HDW-F900 de alta definición acoplada a un estabilizador Steadicam. Todo operado por el director de fotografía Tilman Büttner. Además, el equipo conectó la cámara a un sistema de discos duros portátil cargado por un asistente.  Por si eso no fuera suficiente, la planeación del proyecto fue un largo y doloroso proceso. Sokurov dedicó más de cuatro años de meticulosa preproducción antes de encender las luces en el set. La filmación definitiva requirió coordinar a un colosal contingente de más de dos mil actores vestidos con trajes de época perfectamente confeccionados. Eso, junto con la participación en vivo de tres orquestas completas que musicalizaban los salones de forma sincronizada al paso del lente. El equipo contó con una ventana de tiempo extremadamente ajustada debido a las restricciones del museo y la luz natural. Por lo que, tras tres intentos fallidos por problemas técnicos en las primeras secuencias, la cuarta toma resultó impecable. El resultado final es un fluido fluir de la conciencia de noventa y seis minutos que capta la opulencia y el alma de una nación de manera ininterrumpida. Un hito en la historia del cine contemporáneo. Un musical que rompió esquemas La mítica La tiendita de los horrores (1960), dirigida por Roger Corman, también tuvo un tiempo de filmación inusualmente corto. Eso al completar su rodaje en el tiempo récord de apenas tres días de filmación. Corman, famoso en la industria cinematográfica por su capacidad para estirar presupuestos microscópicos, ideó el proyecto como un reto. Eso, tras enterarse de que los elaborados decorados de una producción previa de la compañía seguían en pie y listos para ser demolidos. Con el fin de aprovechar las estructuras antes de que expirara el alquiler del estudio, el director contrató rápidamente al guionista Charles B. Griffith. Todo, para escribir un libreto disparatado sobre una planta carnívora con un insaciable apetito de sangre humana. El rodaje de los interiores se ejecutó de forma frenética en tan solo dos jornadas continuas de trabajo extenuante. Uno además, en el que se utilizaron múltiples cámaras que grababan de forma simultánea desde diferentes ángulos para evitar perder tiempo valioso reposicionando los equipos. Mientras tanto, los exteriores se resolvieron durante un fin de semana adicional. Los actores, entre ellos un joven y desconocido Jack Nicholson en un divertido rol secundario, tuvieron que depender casi por completo de su experiencia teatral. También, de su capacidad de improvisación debido a que el ritmo de filmación no permitía realizar segundas tomas ni corregir errores menores. El largometraje no solo resultó un éxito comercial rotundo que inspiró un aclamado musical de Broadway. A la vez, probó de forma contundente que el ingenio y la velocidad pueden superar las limitaciones financieras más extremas del mercado. Terror en tiempo mínimo La perturbadora Paranormal Activity (2007), escrita y dirigida por Oren Peli, también tuvo un tiempo de filmación mínimo. Todo, al ser rodada en un plazo de tan solo siete días. Con un presupuesto inicial de apenas quince mil dólares, Peli decidió prescindir de los grandes equipos de producción tradicionales. En su lugar, optó por convertir su propia residencia suburbana en San Diego, California, en el set principal del filme. Para lo que utilizó cámaras de video domésticas fijas y de mano para emular el formato de metraje encontrado. La trama sigue la progresiva pesadilla de una joven pareja atormentada por una presencia demoníaca en su hogar. Por lo que gran parte del impacto terrorífico se logró mediante el uso audaz del silencio, la penumbra y sutiles efectos prácticos. Los dos protagonistas pasaron la semana entera viviendo y filmando dentro de la propiedad. Lo que les permitió improvisar casi la totalidad de sus diálogos basándose únicamente en breves directrices conceptuales entregadas por Peli cada mañana. Esta extrema economía de tiempo y recursos no restó un ápice de efectividad a la obra. Por el contrario, la inmediatez y el realismo del metraje generaron una atmósfera de autenticidad tan genuina que cautivó a los grandes estudios de distribución. Más terror del bueno y en poco tiempo de rodajeEl proyecto de La bruja de Blair (1999), de los directores Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, también fue un prodigio de economía de recursos. Uno, que además, transformó la industria del terror global tras ser filmado en un periodo de tan solo ocho días en los bosques de Maryland. La producción adoptó un enfoque radicalmente realista para documentar la desaparición de tres estudiantes de cine que investigaban la leyenda local de una bruja. Para maximizar la sensación de pánico genuino y aislamiento absoluto, los realizadores entregaron cámaras de video y equipos de grabación de audio a los actores. Para luego, dejarlos solos en la naturaleza con instrucciones mínimas escondidas en coordenadas GPS específicas que debían localizar cada jornada. Los directores acosaban e incomodaban deliberadamente al elenco durante las noches desde las sombras del bosque para generar reacciones orgánicas de miedo, desorientación y privación del sueño. Lo que se incluyó en el metraje final. Este proceso de rodaje continuo e ininterrumpido eliminó la necesidad de mantener un equipo técnico tradicional en el set. Algo permitiendo capturar decenas de horas de material improvisado en poco más de una semana. Aunque la fase posterior de edición se extendió por varios meses para dar forma coherente, el récord ya estaba hecho. La fase de producción principal se mantiene como un ejercicio brillante de velocidad operativa. Un gran ejemplo de efectividad y brillante logística en la filmación de cine contemporánea. Seguir leyendo: Las 5 películas que tardaron menos en rodarse de todos los tiempos