Antonio Domínguez lleva veintidós años de vigilante de seguridad. Ha cuidado polígonos en Huelva, naves en Lepe y almacenes de fresa en Moguer. Dice que nunca le ha temblado el pulso. Hasta el invierno pasado. «Me pusieron en una obra de Isla Cristina, una fábrica de conservas antigua que están arreglando o relacionada con una de ellas. Turno de noche, de diez a seis. Una caseta, un termo de café y la radio. A la tercera noche empecé a oír cantar». No se refiere a una voz, sino a varias. De mujeres, «como cuando en un patio se juntan unas cuantas a cantar mientras trabajan». Lo primero que pensó fue que llegaba de alguna casa cercana o de un bar.... Ver Más