Son las 11 de la mañana de un sábado de octubre. El cielo está inusualmente despejado a las afueras de Mont-Saint-Guibert (Valonia), una población de apenas 7.000 habitantes, a 50 kilómetros al sureste de Bruselas (Bélgica). El aire fresco de los primeros días de otoño sacude las hojas de los árboles y el olor a tierra revuelta y mojada lo inunda todo. Seguir leyendo....