Durante años, John Gage fue uno de los hombres en los que Enrique VIII confiaba para desmantelar monasterios ingleses y poner sus bienes en manos de la Corona. Pero un hallazgo en un archivo británico ha sacado a la luz una contradicción: el funcionario conservó un libro católico que podría resultar comprometedor en plena Reforma inglesa.La pista son seis páginas de un manuscrito medieval que llevaban décadas separadas del resto del volumen. Dos investigadores han logrado identificar su procedencia y reconstruir parte de la historia de un libro que sobrevivió a una época en la que muchas obras religiosas acabaron destruidas.El libro que pasó de ser recomendado a convertirse en un riesgo Dos páginas del manuscrito medieval de Nicholas Love que los investigadores han relacionado con un libro conservado por John Gage durante la Reforma inglesaEl manuscrito contiene una copia de El espejo de la bendita vida de Jesucristo, obra que Nicholas Love preparó en inglés a principios del siglo XV. Era una lectura religiosa muy difundida y contaba con la aprobación de las autoridades eclesiásticas. Su objetivo era acercar la vida de Jesús a quienes no podían leer los textos en latín. William Caxton llegó a imprimirlo en 1486, una muestra de su enorme popularidad.Pero Inglaterra cambió durante el reinado de Enrique VIII. A partir de 1536, la Corona comenzó a cerrar monasterios, confiscar sus propiedades y romper con la autoridad de Roma. Algunas enseñanzas defendidas por Love, como la confesión ante un sacerdote o la presencia de Cristo en la comunión, pasaron a ser especialmente controvertidas.Ahí entra John Gage. Además de ocupar cargos importantes en la corte, participó en la organización del cierre de monasterios en Surrey, Kent y Sussex. Supervisaba sus posesiones y ayudaba a decidir qué ocurriría con ellas. Su carrera prosperó mientras el país atravesaba profundos enfrentamientos religiosos.Sin embargo, Gage mantuvo sus creencias católicas. Poseer aquel manuscrito encaja con esa fidelidad religiosa, aunque no permite saber cuándo lo obtuvo ni si lo escondió deliberadamente. Como sucede con otros objetos escritos que han sobrevivido siglos en circunstancias inesperadas, conservar un libro puede revelar tanto como su contenido.Seis páginas perdidas, una firma y dos archivos separados por miles de kilómetrosKatie Walter, de la Universidad de Sussex, y James Wade, de Cambridge, investigaron unas páginas conservadas en The Keep, un archivo de Brighton. Sospechaban que pertenecían a un libro incompleto, pero necesitaban encontrar el ejemplar original.La respuesta apareció al consultar una copia digital de un manuscrito de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, conocido como Takamiya MS 20. Encontraron un hueco justo antes de un pasaje sobre la confesión religiosa. El texto ausente y la letra del copista coincidían con las páginas de Brighton.No necesitaron recurrir a técnicas como las empleadas para leer cartas asirias sin abrir sus envolturas o recuperar textos de rollos carbonizados por el Vesubio. Aquí bastó comparar documentos, escritura y los espacios que habían quedado en el volumen.En la última página aparece la firma de Gage entre los nombres de antiguos propietarios. Los investigadores creen posible que el libro procediera de un monasterio y llegara a sus manos durante los cierres, o que lo adquiriera después a otra persona. No existe una prueba definitiva sobre ese recorrido.El descubrimiento, publicado en Notes and Queries, muestra una faceta poco conocida del colaborador Enrique VIII: mientras ayudaba a desmantelar instituciones católicas, también conservaba una obra vinculada a esa fe. Y recuerda que, incluso durante las grandes campañas de destrucción, hubo quienes guardaron libros para el futuro.