En las profundidades del océano Pacífico existe un mundo prácticamente desconocido para la ciencia, habitado por miles de virus que desempeñan un papel muy importante en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Un estudio reciente publicado en Nature Communications ha identificado 11.742 virus diferentes en los sedimentos de la zona Clarion-Clipperton, una extensa región del fondo marino situada entre México y Hawái. Lo más sorprendente del descubrimiento es que 11.662 de ellos, más allá del 99 %, eran completamente desconocidos para la ciencia. Esto pone de manifiesto la extraordinaria biodiversidad que permanece oculta en las profundidades marinas y plantea nuevas preguntas.La zona Clarion-Clipperton, conocida por CCFZ, es la mayor región de exploración de minerales en aguas profundas del mundo. Situada a profundidades que pueden alcanzar los 6.000 metros, esta extensión del océano alberga millones de nódulos polimetálicos, unas rocas del tamaño aproximado de una patata que contienen metales como níquel, cobalto y manganeso. Estos recursos están despertando un creciente interés por su potencial para abastecer la fabricación de baterías. No obstante, mientras las empresas se preparaban para aprovechar estas reservas, los científicos apenas comienzan a comprender la complejidad de la vida que se desarrolla sobre el lecho marino.Las profundidades marinas esconden una diversidad extraordinaria Zona Clarion-ClippertonPara investigar este ecosistema, un equipo de investigadores de la Universidad de Chongqing, en China, analizó más de 60 muestras de sedimentos recogidas en la región por la Asociación China para la Investigación y el Desarrollo de los Recursos Minerales Oceánicos. Mediante comparaciones genéticas y análisis de las proteínas de los virus, los científicos descubrieron una gran diversidad. Apenas el 4 % de los grupos de proteínas identificados coincidía con los registrados en las bases de datos a nivel mundial.Aunque los virus suelen asociarse con enfermedades, los descubiertos en estas profundidades representan una amenaza prácticamente nueva para la salud humana. La mayoría pertenece a los caudoviricetes, un grupo de virus con estructuras semejantes a pequeñas jeringas que infectan exclusivamente bacterias. Lejos de ser simples agentes patógenos, estos microorganismos desempeñan funciones esenciales para mantener el equilibrio biológico de uno de los entornos más extremos del planeta. ¿Por qué es más difícil reinfectarnos de un virus que ya hemos tenido?En un ecosistema caracterizado por la escasez de nutrientes, la ausencia de luz y la presencia de elevadas concentraciones de metales pesados, los virus contribuyen a regular las poblaciones microbianas y favorecen el reciclaje de nutrientes. Al infectar a sus huéspedes, pueden liberar materia orgánica y facilitar la circulación de elementos esenciales como el carbono, el nitrógeno, el azufre y el fósforo. Además, algunos poseen genes que modifican el metabolismo de las bacterias o facilitan el intercambio de material genético, procesos que pueden ayudar a estos microorganismos a adaptarse a las condiciones del fondo oceánico.La minería submarina amenaza este ecosistema Esta estrecha relación entre virus y bacterias hace que las posibles actividades mineras susciten una especial preocupación. La maquinaria industrial podría remover grandes cantidades de sedimentos, generar densas nubes de partículas y alterar los hábitats donde viven estos microorganismos. Si estas perturbaciones redujeran las poblaciones bacterianas o modificaran sus interacciones con los virus, también se verían afectados los ciclos de nutrientes que sostienen el ecosistema.La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha concedido 17 licencias de exploración en la zona Clarion-Clipperton, mientras aumenta la demanda mundial de metales destinados a la fabricación de baterías y componentes electrónicos. Ante este escenario, los investigadores consideran muy importante conocer la biodiversidad existente antes de iniciar una exploración comercial a gran escala.