Las lluvias torrenciales están obligando a las ciudades españolas a transformar sus sistemas de alcantarillado. Madrid, Barcelona, Sevilla y Alicante recurren a gigantescos tanques de tormenta capaces de almacenar millones de litros de agua. Estas infraestructuras permiten reducir inundaciones y evitar que aguas residuales y contaminantes terminen directamente en ríos y mares.