El Cardenal Carlos Castillo, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, pidió poner a Dios en el centro de la vida, rechazar el culto al dinero y trabajar por la paz durante la homilía de la segunda salida procesional del Señor de los Milagros, celebrada el domingo 19 de octubre.Al abordar el Evangelio del día, en el que Jesús responde a quienes le preguntan si es lícito pagar impuestos al César, Castillo advirtió que los cristianos pueden terminar dando más importancia a las normas y costumbres religiosas que a Dios.“Yo soy el Señor y no hay otro”, recordó ante miles de fieles congregados cerca del templo de las Nazarenas. Explicó que la fe no se limita a cumplir reglas, sino que exige buscar la voluntad de Dios y seguir el ejemplo de Jesús. Procesión del Señor de los Milagros, 18 de octubre de 2026. Crédito: Cortesía del Arzobispado de Lima. El dinero como un “dios”Castillo cuestionó que muchas personas pongan el dinero por encima de las relaciones humanas y de la solidaridad.“Es cierto que el dinero es útil para muchas cosas, pero el dinero es consecuencia de nuestro trabajo. Y primero están las relaciones que tenemos entre nosotros”, afirmó.También criticó que los recursos se utilicen para especular en lugar de ayudar a quienes más lo necesitan. En ese sentido, recordó las palabras de Jesús: “No pueden amar a Dios y al dinero”.El problema, señaló, no es tener dinero, sino convertirlo en el centro de la vida y olvidarse de los demás.La paz no se consigue a la fuerzaEl Arzobispo de Lima recordó la encíclica Fratelli tutti, del Papa Francisco, e invitó a los fieles a construir una sociedad más fraterna. También se refirió a las guerras y los conflictos entre países, y recordó el llamado del Papa León XIV a una “paz desarmada y desarmante”.“La paz no se consigue a la fuerza, con amenazas, invadiendo países”, afirmó.Castillo contrapuso el afán de dominio con el trabajo en común. Para explicarlo, recurrió a las imágenes de Babel y Jerusalén: una representa la búsqueda de poder y la otra, el esfuerzo compartido para construir una comunidad. Cardenal Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, durante la procesión del Señor de los Milagros, 18 de octubre de 2026. Crédito: Arzobispado de Lima. Como ejemplo de fraternidad, mencionó a la Hermandad del Señor de los Milagros. La organización de las cuadrillas y de las cantoras, dijo, requiere coordinación y trabajo en equipo. Ese mismo espíritu, pidió, debe llegar a todo el país.Al referirse a la diversidad de los peruanos, recordó unos versos del músico y poeta peruano Nicomedes Santa Cruz y animó a valorar las diferencias en lugar de despreciar a los demás.Un amor que no espera nada a cambioEn otro momento, Castillo habló del amor gratuito y puso como ejemplo el vínculo entre una madre y sus hijos.“¿A alguno de ustedes les ha cobrado la mamá por todos los pañales que les lavó?”, preguntó a los fieles.Con esta pregunta, explicó que el amor no funciona como un intercambio de favores. Recordó que la vida es un don gratuito y animó a los fieles a entregarse a los demás sin esperar algo a cambio.El arzobispo reconoció que organizar y hacer cálculos es necesario, pero advirtió que nada de eso debe estar por encima del servicio y el amor. “Nunca organicemos algo calculado si antes no lo organizamos sobre el principio del servicio, del amor y de la paz”, exhortó.Para cuestionar a quienes intentan imponer la paz mediante la violencia, recurrió a una viñeta de Mafalda. En ella, una madre golpea a su hija y después le pide que tenga paz. La respuesta del personaje creado por el historietista argentino Quino es irónica: “Alegórica la señora”.“Eso es lo que quieren los grandes de este mundo: que resolvamos las cosas como ese cachetadón, imponerse a medio mundo y hacer lo que quieran con la gente”, afirmó Castillo.El purpurado advirtió que esa no es una paz verdadera, sino una “paz de los cementerios”. Para construir la paz, sostuvo, es necesario resolver los problemas juntos y aprender a reconocerse mutuamente.Al terminar la homilía, pidió a los fieles no quedarse en las apariencias ni caer en la hipocresía, sino buscar a Dios y hacer su voluntad.“Que nos centremos en Dios y en su voluntad, que siempre nos saca de las situaciones difíciles”, expresó.