El cohete V-2 fue una de las armas tecnológicamente más avanzadas de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Diseñado bajo la dirección de Wernher von Braun, se convirtió en el primer misil balístico de largo alcance empleado en combate. Sin embargo, su sofisticación tecnológica no se tradujo en una ventaja militar decisiva.Así lo explicó Michael J. Neufeld, historiador y antiguo conservador sénior del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian, en una entrevista publicada por el Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 2019. El experto sostuvo que, pese a su importancia histórica, el impacto del V-2 en el conflicto había sido limitado.«Su impacto fue menor», afirmó Neufeld al analizar el papel del misil durante los últimos meses de la guerra. Según explicó, aunque los ataques sembraron el miedo entre la población de ciudades como Londres y Amberes, apenas alteraron el avance de los Aliados contra la Alemania nazi.Un arma revolucionaria, pero demasiado caraEl V-2 representó un salto tecnológico importante. Podía viajar a velocidades supersónicas y transportar una ojiva de aproximadamente una tonelada, lo que dificultaba enormemente su interceptación con los sistemas de defensa de la época.Sin embargo, su producción y despliegue exigían una enorme inversión de recursos. Neufeld consideraba que Alemania habría obtenido mejores resultados militares si hubiera destinado esos recursos a fabricar aviones convencionales.Entre septiembre de 1944 y marzo de 1945, los ataques con V-2 causaron alrededor de 5.000 muertos entre civiles y militares aliados, según las estimaciones citadas por el historiador. En comparación, los bombardeos convencionales podían provocar muchas más víctimas en una sola noche.Además, el misil no podía cambiar por sí solo el rumbo de una guerra que Alemania estaba perdiendo en varios frentes. Su desarrollo había llegado demasiado pronto para convertirse en un arma verdaderamente decisiva: todavía faltaban avances fundamentales en los sistemas de guiado, la propulsión y las cargas nucleares que transformarían los misiles balísticos durante la Guerra Fría.El legado del V-2 y el coste humano de su fabricaciónAunque su eficacia militar fue limitada, el programa del V-2 dejó una profunda huella en la historia de la tecnología. Tras la derrota alemana, Estados Unidos y la Unión Soviética aprovecharon los conocimientos y la experiencia de ingenieros alemanes para desarrollar sus propios programas de cohetes y misiles.Von Braun acabaría trabajando para Estados Unidos y desempeñaría un papel destacado en el desarrollo del cohete Saturn V, que permitió llevar astronautas a la Luna.Sin embargo, Neufeld también recordó el lado más oscuro de aquel programa. La fabricación del V-2 dependió del trabajo forzado de prisioneros de campos de concentración, especialmente en las instalaciones subterráneas de Mittelwerk, cerca de Nordhausen. Miles de personas murieron en unas condiciones inhumanas.El historiador estimó que al menos 10.000 muertes estuvieron relacionados con el programa del misil, una cifra superior a la de las víctimas que provocó el arma entre quienes la recibieron.El V-2 quedó así como un símbolo de una paradoja histórica: fue un fracaso como arma decisiva durante la Segunda Guerra Mundial, pero una innovación fundamental para la posterior carrera espacial y el desarrollo de los misiles balísticos modernos.