Íñigo

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En el olvido no se vive mal, el ostracismo es la patria del desterrado. Es cómodo el silencio cuando uno se acostumbra a él, cuando deja que su tierna caricia de la nada le absorba hasta el último gramo de ambición. Porque la ambición es una droga que cobija dentro un mono que de un día para otro deja de saber escalar. Las mañanas ahora son todas gemelas y las ventanas empiezan a dejar que pasen los matices de la luz. Uno sabe que empieza otra vez a estar vivo cuando los pájaros le vuelven a decir algo. El hoyo era muy grande, y ahora ya sabe que desde dentro él se había dedicado a escarbar. La calma es una... Ver Más