La escala de la construcción de infraestructura para la producción de energías renovables en China es mareante: el país apostó hasta tal punto por ello, que ahora necesita hacer llegar toda esa energía a quienes realmente la necesitan, y todo ello en un contexto de necesidades rápidamente cambiantes: donde antes teníamos hogares e industrias como elementos principales de la demanda, ahora tenemos data centers que se suman a lo anterior: se prevé que la capacidad informática activa, o “live IT capacity” de los centros de datos chinos se más que duplique en cinco años. Llevo escribiendo sobre la lógica del sobredimensionamiento energético de las renovables desde 2021, aplicado sobre todo a un país como España, en el que la capacidad de generación en potencialmente enorme, y unida a una disponibilidad de terreno al que podría, además, darse un uso adecuado mediante tecnologías como las agrivoltaicas. Esto no son los Países Bajos, en donde la insolación es mucho menor y el terreno es un recurso tan escaso que les está llevando a poner paneles en absolutamente todas partes, encima de cada tejado, aparcamiento o canal. En el caso de China, sobre el que también escribí en 2024, superó por primera vez los diez billones de kWh de demanda eléctrica en 2025, y se prevé que llegue a representar un tercio del crecimiento mundial de la demanda hasta el año 2040, impulsado por el descomunal crecimiento de su parque de vehículos eléctricos y por la electrificación industrial. En este contexto, la creciente demanda generada por la inteligencia artificial encuentra su lugar dentro de una transformación energética de dimensiones nacionales. Cuando tienes una fuente de energía muchísimo más barata que el resto, la lógica debería llevarte a generar lo más que puedas de ella. El problema, claro está, es no poder absorber esa energía, pero en cierto sentido, es un «bendito problema» que te deja muchos más grados de libertad de los que te quita. Cerca del 9% de la energía potencial eólica y solar en China se perdió durante el primer semestre del año: China podría haber generado 401 TWh adicionales, casi lo que producen España y Filipinas juntas en un año. La capacidad renovable construida no es suficiente: además, hay que trasladar electricidad entre regiones y horas. China necesitará invertir 3.9 billones de dólares en su red hasta 2049, además de ampliar baterías y almacenamiento hidráulico por bombeo. En el caso de China, esto supone aún un problema: la electricidad está gestionada de forma centralizada, con precios opacos y contratos de carbón a largo plazo que aún desplazan a energías renovables más baratas y obviamente menos dañinas. El país se ha fijadop como objetivo crear un mercado eléctrico nacional unificado para el año 2030, que eliminará muchas de las ineficiencias que hoy aún hacen que se utilicen energías fósiles que, económicamente, carecen de sentido. Cuando la combinación de renovables y baterías se convierte en la opción de generación más barata de todas y van surgiendo cada vez más fuentes renovables de bajo impacto, seguir insistiendo en turbinas de gas o en energía nuclear es, sencillamente, una estupidez, y los que lo hagan terminarán pagándolo caro con desventajas en costes imposibles de compensar de forma competitiva. La abundancia energética a la que puede dar lugar un sobredimensionamiento en las renovables va a contribuir a alcanzar una posición ventajosa en la carrera de la inteligencia artificial a todos los niveles, aunque el resultado, lógicamente, dependerá de la integración de esas renovables con el necesario almacenamiento, la transmisión y la demanda, así como de eliminar los incentivos perversos que aún protegen la generación fósil. La capacidad adicional sólo crea ventaja si el sistema está preparado para absorberla y entregarla. En el caso de China, un problema que únicamente tiene solución a largo plazo. Pero en el de España, un país con unas condiciones ideales para la generación solar, no debería de serlo. Solo es una cuestión de aplicar las estrategias adecuadas.