Iván (22), un estudiante de auxiliar de geriatría madrileño, es tan capillita que acudió a 'First Dates' con la devoción a su cofradía bien visible. De su cuello colgaba la medalla de su hermandad y en su cabeza había trazado ya un plan de futuro muy concreto. «Me gustaría casarme, tener dos hijos y un perrito», le contaba este soltero «superreligioso, católico y aficionado a los toros» a Carlos Sobera en su presentación. Pese a su juventud, tiene claro lo que buscaba en el programa de citas de Mediaset: a la persona indicada. Una chica que describió como «guapa, cariñosa, detallista, romántica». La escogida para cenar con Iván fue Nerea (21), una estudiante y dependienta de Zaragoza que, aunque no se cierra a pasar por el altar algún día, por el momento busca una relación para compartir momentos, aventuras, viajes… Y, en definitiva, conocer bien a su pareja antes de dar un paso tan importante. La velada comenzó con unas primeras impresiones un poco descompensadas entre los dos. Al madrileño, su cita le pareció una chica bastante guapa y atractiva. De primeras la percibió un pelín tímida, aunque confiaba en que a lo largo de la cena se soltara. El problema es que para ella no era cuestión de vergüenza, sino de falta de interés. David no entraba nada dentro de su prototipo. «Me gustan más altos y grandotes, que tenga chicha», reconoció la mañica en los totales. A partir de ahí, cada uno pareció vivir una cita diferente. David se esforzó por congeniar y enfatizar las aficiones en común. Ella le habló entusiasmada de su pasión por viajar, un punto donde él pensó que serían muy compatibles. El madrileño compartió con Nerea su destino más deseado como aficionado a la historia y creyente, Roma. Pero se lo impide su pequeño miedo a los aviones. «Lo paso muy mal en el despegue», confesó. «Apaga y vámonos. ¿Cómo vas a tener miedo al avión?», reaccionó la zaragozana a la revelación de su cita. En ese momento terminó de confirmar que no estaban en la misma onda. No era la persona indicada para ella.