Un gran festival cultural, como los muchos que se han celebrado en España a lo largo de este verano, es como una pequeña ciudad que se construye, funciona y desaparece en pocos días. Consume energía y agua, genera movilidad y residuos, contrata centenares de servicios, alimenta a miles de personas, ocupa temporalmente un territorio y establece relaciones con administraciones, trabajadores, artistas, proveedores y comunidades.Seguir leyendo....