Ni romanos ni ilirios ni griegos dejaron en este rincón mediterráneo un legado histórico y es en la actualidad la capital turística de la región croata de Sibenik con unos 70.000 habitantes en el área urbana y solo 2.000 en su casco viejo. Esta antigua ciudad está protegida por la Unesco desde el año 2000, al igual que su espléndida catedral de piedra dedicada a Santiago y la fortaleza de San Nicolás. La Catedral de Santiago no fue construida a la antigua usanza sino que fue montada mediante la unión seca de elementos de piedra tallados a medida durante 105 años y se finalizó en 1536. Por eso la configuración del volumen exterior se corresponde con el espacio interior y no hay otro monumento artístico y arquitectónico con el que pueda ser comparado. En el templo, ideado por Jurac Dalmainac (Jorge de Dalmacia), llama la atención la mezcla de los estilos gótico veneciano, gótico florido y renacentista, con una atracción excepcional que se puede encontrar en el baptisterio, con una pila bautismal sujetada por tres ángeles ante la presencia de Dios y de la paloma del espíritu santo. Ya en el exterior se reproducen tres leones y en el ábside se pueden admirar los 71 retratos en piedra de personas comunes que evidenciaban el nuevo espíritu y humanista de la cultura europea en los siglos XV y XVI. Se dice que todos eran ciudadanos de a pie en Sibenik y aparecen con expresiones de enfado, alegría o temor. La mayoría son hombres, no hay santos y sí algunos rostros femeninos e infantiles. Se puede afirmar también que se trata de la única catedral que está construida completamente en piedr a. No se utilizó la madera y el templo no está techado con tejas como otros. En su lugar está totalmente cubierta por grandes losas de piedra dispuestas a lo largo, visibles tanto desde el interior como desde el exterior, y protegen al templo del fuego y de los disparos enemigos. De ahí que afortunadamente la catedral sobreviviera a los bombardeos de 1991 entre Serbia y Croacia gracias en parte a la piedra extraída de las islas de Brac, Korcula y Krk con la que fue edificada, pero este no es el único templo importante de la ciudad. Hay otras iglesias como la de San Iván , un bello ejemplo de arquitectura gótica renacentista, o el monasterio franciscano que exhibe frescos del siglo XV y XVI y algunas pinturas barrocas venecianas. Entre los siglos XVI y XVII, se forjó el aspecto actual de este Sibenik rico entonces por el comercio de sal, vino, la navegación y los molinos del río Krka. En aquella époc Sibenik estaba protegida por varias fortalezas levantadas para defenderse de los continuos ataques otomanos. Ahora quienes la visitan tienen que pasear esta ciudad para admirar su ayuntamiento, las plazas renacentistas, como la de San Nicolás, sus iglesias, que llegaron a ser veinticuatro, y la fortaleza de San Miguel. El camino por la ciudad vieja resulta a veces agotador, pues hay que subir cientos de escalones, pero es la única forma de descubrir sus rincones secretos y llenos de encanto. Sibenik es muy famosa por sus mencionadas fortalezas, ya que cuenta con cuatro magníficas fortificaciones. Tres son terrestres y se encuentran dentro de la propia ciudad, mientras que la cuarta, que lleva el nombre de San Nicolás, se alza a la entrada del canal de San Antonio y está inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. La más antigua de las fortalezas es la de San Miguel , situada en un acantilado que se eleva unos 70 metros sobre el centro histórico. Desde sus inicios, esta fortaleza protegía a la ciudad frente a los enemigos internos y externos que amenazaban a la comuna medieval. Con la llegada de las armas de fuego y la creciente amenaza otomana en el siglo XVII, los habitantes de Sibenik se vieron obligados a construir dos fortalezas adicionales en las colinas que rodean a Sibenik: San Juan y Barone . Una vez que dejaron de ser necesarias, las fortalezas han sido reutilizadas. Por ejemplo, la de San Miguel se ha transformado en un escenario de conciertos y la de Barone es muy popular por su mirador que regala unas magníficas vistas del archipiélago de Sibenik. Desde Sibenik lo más recomendable es realizar una excursión a las cascadas del Parque Nacional de Krka, en el entorno de la antigua central hidroeléctrica Krka, que fue concluida solo unos meses antes de la que el ingeniero croata Nikola Testa construyera en las cataratas del Niágara. Este parque nacional desde 1985 se extiende sobre 109 kilómetros cuadrados convirtiéndose en un auténtico vergel con once lagos, siete grandes cascadas de travertino y un monasterio benedictino en una pequeña isla del río Krka. Aquí está la espectacular Cascada Skradinski Buk, quizás la más fotografiada de la zona. En este salto los visitantes se pueden bañar, aunque sólo en la zona delimitada por seguridad con boyas. A partir de ese punto hay que cruzar una larga pasarela, ideal para tomar fotografías y para seguir disfrutando del paisaje, entre una frondosa vegetación y un puñado de miradores a lo largo del río que permiten disfrutar de las mejores vistas del parque. Hacia la mitad del sendero, que se puede recorrer en una hora, se levantan unas pequeñas construcciones que recrean el modo de vida en la zona por sus antiguos pobladores, trabajando el hierro o tejiendo ropas y trajes típicos.