Francia depende de una catapulta que EE UU podría abandonar: su portaaviones nuclear necesita la tecnología EMALS que Trump quiere cambiar por vapor

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Francia podría tener un problema con su futuro portaaviones nuclear. Donald Trump quiere que la Marina estadounidense abandone las catapultas electromagnéticas y vuelva a utilizar sistemas de vapor, lo que pondría en una situación complicada a los franceses. Y es que su nuevo portaaviones depende de tres catapultas EMALS fabricadas en Estados Unidos, aunque París asegura que su suministro no corre peligro.Según recoge Zona Militar, el almirante Christophe Cluzel, jefe del Estado Mayor de la Marina francesa, compareció el pasado 14 de octubre ante el Parlamento para hablar de esta situación. El militar aseguró que el contrato con Estados Unidos no está amenazado, si bien también reconoció que existe una dependencia tecnológica que Francia había aceptado desde el principio del proyecto.Francia necesita tres catapultas estadounidenses para su nuevo portaaviones Como ya contamos hace unos días, Francia está preparando el France Libre, un portaaviones nuclear que sustituirá al Charles de Gaulle en 2038. Será un buque de 310 metros de eslora y unas 78.000 toneladas de desplazamiento, cuya propulsión correrá a cargo de dos reactores K-22. Naval Group y Chantiers de l'Atlantique se encargan de su construcción.Para que nos hagamos una idea, el France Libre tendrá capacidad para embarcar alrededor de 30 aeronaves de combate, además de otros aparatos. Entre ellos estarán los cazas Rafale M y los aviones de alerta temprana E-2D Hawkeye. También se contempla el uso de drones en el futuro, pero todos necesitarán un sistema que les permita despegar desde la cubierta.Aquí es donde entran las catapultas electromagnéticas de fabricación estadounidense. Para entender por qué son necesarias, basta con pensar que un caza necesita alcanzar una velocidad considerable antes de poder elevarse, y que la cubierta de un portaaviones no tiene la longitud de una pista convencional. Las catapultas EMALS aceleran los aviones mediante energía eléctrica, permitiéndoles despegar en una distancia mucho más corta.Hasta ahora, lo habitual era recurrir a sistemas que utilizan vapor a presión para impulsar las aeronaves. EMALS funciona de otra manera, ya que permite regular la aceleración en función del peso del avión, reduciendo también los esfuerzos que soporta durante el lanzamiento. Esto resulta especialmente útil cuando desde un mismo buque tienen que despegar aparatos de características muy diferentes.Y la dependencia francesa de Estados Unidos no termina aquí. El nuevo portaaviones también utilizará el sistema AAG, encargado de detener las aeronaves cuando aterrizan mediante cables de frenado. Es decir, que Francia depende de equipos estadounidenses tanto para lanzar como para recuperar sus aviones, aunque el buque y su sistema de propulsión nuclear sean de fabricación francesa.Trump quiere volver al vapor mientras China ya utiliza catapultas electromagnéticas Donald TrumpEl pasado mes de agosto, Donald Trump ordenó estudiar la sustitución de EMALS por catapultas de vapor en futuros portaaviones estadounidenses, empezando por el USS Doris Miller (CVN-81). El presidente cuestiona la fiabilidad de estos sistemas, que ya utiliza la clase Gerald R. Ford, aunque todavía no se ha tomado una decisión definitiva sobre el cambio.La situación tiene su punto curioso, porque mientras Estados Unidos contempla recuperar una tecnología anterior, China ya utiliza catapultas electromagnéticas en su portaaviones Fujian. Francia tampoco tiene intención de cambiar sus planes por ahora. Otra cosa es qué sucedería si Washington dejase de fabricar estos sistemas y sus componentes, especialmente teniendo en cuenta que el buque francés seguirá operativo durante décadas.Por ahora, Cluzel no parece especialmente preocupado. Durante su comparecencia declaró que "la decisión estadounidense todavía no se ha tomado. No veo nuestro contrato amenazado". También aseguró que la dependencia de Estados Unidos se había considerado bajo control desde el inicio del programa. De hecho, los franceses tienen previsto adquirir una reserva importante de repuestos para garantizar el mantenimiento de las catapultas.Sin embargo, Francia también está estudiando la posibilidad de fabricar sus propias catapultas electromagnéticas, con un informe cuyas conclusiones deberían conocerse en 2028. El problema es que, según explicó el almirante, desarrollarlas llevaría más tiempo del disponible hasta la entrada en servicio del France Libre y cada unidad resultaría considerablemente más cara que las estadounidenses.Cluzel tiene previsto reunirse la próxima semana con su homólogo estadounidense y espera abordar este asunto durante el encuentro. Mientras tanto, Francia mantiene su calendario de construcción para 2038, aunque el estudio de una alternativa nacional deja entrever que París no quiere depender indefinidamente de Washington para una tecnología tan importante para su Marina.