González del Tánago sacó pecho en 2019: «Somos uno de los más pequeños, pero gracias al Aegis, uno de los buques europeos más poderosos»

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En enero de 2019, la fragata española Méndez Núñez estaba en Norfolk, Virginia, y tenía algo que enseñar a la Marina estadounidense. Navantia y su socio Bath Iron Works aspiraban al programa de futuras fragatas de Estados Unidos. A bordo, su comandante, Antonio González del Tánago, defendía la capacidad militar de un barco cuyo tamaño quedaba lejos del de un gran destructor.«Somos uno de los más pequeños, pero gracias al Aegis, uno de los buques europeos más poderosos», afirmó González del Tánago, según la información original publicada por USNI News el 22 de enero de 2019. La declaración, traducida del inglés, era la valoración del propio comandante español. Comparaba el tamaño de su fragata con las capacidades de combate que reunía.El barco desplazaba unas 5.800 toneladas y llevaba una dotación de 205 personas, a las que se añadían once del destacamento del helicóptero. Para explicar qué podían hacer, el mando describió tanto los sistemas de armas como la organización interior. La visita ofrecía un ejemplo de diseño ya construido en el momento en que Estados Unidos estudiaba las propuestas de sus futuros escoltas.Un radar conectado a las armas del buqueLa afirmación del comandante se apoyaba en el sistema Aegis, que reúne la información de los sensores y permite gestionar la defensa del barco. En la Méndez Núñez trabajaba con el radar SPY-1D. Su utilidad dependía de detectar y seguir las amenazas, compartir lo observado y disponer de armas con las que responder dentro de las funciones asignadas a la fragata.El armamento incluía un lanzador vertical de 48 celdas, preparado para misiles SM-2 y ESSM. Esa combinación sostenía la defensa aérea del buque y de las unidades a las que acompañara. La cifra de celdas describe los espacios disponibles en el lanzador; la cantidad concreta de misiles embarcados depende de la combinación elegida, por lo que no equivale por sí sola a un inventario completo de munición.También contaba con Link 16, el enlace de datos tácticos que permite intercambiar información con otras unidades. La conexión ayuda a que un escolta participe en una agrupación y conozca lo que detectan sus compañeros. Junto a la evolución de los radares de fragata, esa capacidad explica por qué importa compartir la información además de contar con sensores propios. El buque podía operar con un helicóptero SH-60B.La resistencia también se diseña por dentroLa presentación incluía detalles menos visibles que los misiles de superficie. El interior estaba dividido en catorce compartimentos estancos y cuatro zonas de control de daños. Esa distribución permite separar espacios cuando se produce una avería o una entrada de agua. El diseño buscaba limitar las consecuencias de un daño, una parte de la supervivencia del buque que acompaña a su capacidad para vigilar y combatir.La vigilancia de la maquinaria y el gobierno del barco se apoyaban en controles remotos. La propulsión combinaba dos motores diésel Bravo 12 y dos turbinas de gas LM2500. Además, la fragata disponía de un quirófano y cuatro camas de enfermería. El recorrido mostraba cómo convivían combate y vida a bordo en una plataforma que debía mantener su funcionamiento durante los despliegues, con una dotación ajustada a su diseño.La frase de González del Tánago pertenece a aquella presentación de 2019 y expresa su juicio profesional sobre la Méndez Núñez. No establece una clasificación actual de las armadas europeas. Su argumento reunía armas, sensores, comunicaciones y resistencia a los daños para defender cuánto podía hacer una fragata española sin necesitar el tamaño ni la dotación de los grandes buques de guerra estadounidenses.