Banderas de vuestros nietos

Wait 5 sec.

«Así amanece la acampada tras la tensión vivida con el ataque de unos ultras». Bucólica, por «evocar de modo idealizado el campo o la vida en el campo» (DRAE), y pastoril, «propia o característica de los pastores» ('ibidem'), la imagen sobre la que Televisión Española rotulaba el pasado lunes su parte de guerra y guerrilla correspondía al Tarajal de la Puerta del Sol, cuyos toldos azules han quedado preciosos, sobre todo desde la altura de miras desde la que nuestra emisora pública sirve unos planos aéreos que esconden –«la buena capa todo lo tapa», dice el refranero– la genuina naturaleza de un motín estático que no solo consiente y alienta el Gobierno a través de su delegado capitalino, sino que es blanqueado por su aparato mediático –«tan blanco que azulea», prometía un anuncio de detergentes de la era del heteropatriarcado– para situarlo en el lado correcto de la historia y del muro. «Así amanece la acampada», titula TVE. Los pajarillos cantan, las nubes se levantan, el sol sale por la carrera de San Jerónimo y ese remanso de paz y plástico levantado por los pies negros ocupa toda la pantalla. La floración de los cerezos del valle del Jerte, las llanuras que cubre la lavanda en Brihuega, la selva navarra de Irati, las verdes praderas de José Luis Garci, los campos de amapolas del poema de John McCrae y la acampada de Sol. «No somos monos de feria», escriben los pies negros, carne de turista e Instagram, en los letreros que prohíben las fotos, al amparo –señala otro cartón del bingo Maricarmen– del «Art 7 LO 1/1982. Grabar en plano detalle/difundir caras es ilegal». Con lo bonito que les está quedando su otoño de la democracia. En tres ocasiones hemos recorrido el laberinto de Sol, cada vez más acotado –prohibido el paso, avisan; lo de cuidado con el perro va de serie– y mejor señalizado por quienes lo ocupan, cuya cartelería evitan las cámaras que subliman la protesta. A las banderas republicanas, muy constitucionales, se suman las estalinistas. Las de Palestina las regalan con la tienda de campaña. La hoz y el martillo campan a sus anchas. «Calle de la guillotina», leímos antes de que desplegaran los toldos azules y prohibieran las visitas. «Solo nos movilizamos por la vivienda», dice una portavoz cuando la corresponsal de guerra y guerrilla, entregada a la causa, da el parte diario en TVE. Benditos antifascistas. Luego están los ultras que los atacan.