Irene Montero lleva más de una década en el foco mediático. Ya en 2014 constató su intención de dedicarse a la política con su entrada en Podemos y al año siguiente llegó al Congreso como diputada , cargo que mantuvo hasta 2023. Tras una breve etapa como ministra de igualdad y su más reciente labor como eurodiputada , hoy sigue siendo una mujer relevante para la izquierda. La madrileña ha vuelto a la política nacional y se presenta con la formación morada a las elecciones generales del 29 de noviembre . Quiere representar a los españoles de izquierdas en la Cámara Baja con un proyecto propio, al margen de la coalición Frente Amplio , que integran Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns. Hasta el momento ha rechazado unirse a esta alianza y ha pactado con ERC para asegurar el éxito de Rufián en Cataluña. Quedan menos de 50 días para el 29N y los votantes están ávidos de información sobre los candidatos a presidente del gobierno. Irene Montero es, a sus 38 años , la cabeza de lista más joven que se presenta a estos comicios y una de las más buscadas. La gente se pregunta por su infancia, su familia con Pablo Iglesias y las experiencias que le llevaron a su situación actual. Ella misma compartió esos detalles de su pasado recientemente, en una entrevista que concedió a ' Hora 25 '. Los veranos de su infancia y adolescencia los pasó en el pueblo de sus padres, Tormellas, que se encuentra en Ávila. Eran dos o tres meses «salvajes», «de llegar, irte a la calle y no volver hasta la hora de dormir» . Allí podía crecer en amistades y madurez sin la presión de los exámenes y el ritmo de la vida de la ciudad. «Mis padres trabajaban en verano y mi padre todo el verano tenía menos vacaciones. Mi madre era ya profe pero, aún así, el mes de julio yo no tenía clase y ella tenía que trabajar. Entonces yo iba al pueblo y allí me cuidaban mis abuelos. Quien se ocupaba eran mi abuela, mi tía y mi tío », recordó. Su abuela fue mencionada en otro momento de la entrevista, cuando el periodista de la SER se interesó por su experiencia de fe. Nunca creyó en Dios, «no», «pero sí me he criado en una familia creyente y practicante» . La persona que más le acompañó en su primer contacto con el cristianismo fue su abuela, que durante el verano tenía un margen de dos meses para compartir con su nieta esa faceta de su vida. «Iba a la iglesia regularmente con mi abuela en el pueblo. Hasta era monaguilla en la iglesia de mi pueblo», confesó. A su tiempo, recibió los primeros sacramentos: «He hecho la comunión» . «Me sé el 'Padre nuestro'. Y lo tengo vinculado a mi abuela, que me decía: 'Vamos a rezar por la noche'», añadió. Esas semanas y años que pasó rezando junto a su abuela en Tormellas le dejaron huella en su carácter. «Nunca me vi, pero hay una parte de la liturgia, del ritual, que forma parte de mi educación» , confesó. Cuando se hizo mayor le reveló a su abuela que no compartía su fe y ese momento compartido se quedó como un recuerdo entrañable de la infancia. Irene Montero ha evolucionado desde aquellos veranos de «muchas primeras veces» en el pueblo. Ahora, está con uno de los políticos más reconocidos del país —ella misma es una de ellos— y tiene tres hijos, nacidos en 2018, mellizos, y 2019. En este contexto, visitar Tormellas es toda una aventura. Tiene amigos de esos años, aunque «hace muchos años que no les veo». «Guardo mucho cariño a toda esa gente con la que hemos crecido juntas, nos hemos visto y nos conocemos mucho», confesó, «tengo pendiente volver en algún momento».