En las entrañas del circo itinerante más antiguo del mundo en su debut europeo: «Seguimos por amor al oficio»

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Aurelio Atayde era un niño cuando un pequeño circo itinerante recaló en la localidad mexicana de Zacatecas, donde vivía. Tendría unos ocho o nueve años. Una puede imaginárselo curioseando por entre las aberturas de aquella colorida carpa, universo de tachuelas y lentejuelas. Se desconoce cuánto tiempo permaneció la compañía circense en el municipio, pero suponemos que el suficiente para que el menor quedara prendado del mundillo y decidiera huir con la troupe. Allí, bajo la lona, aprendió a poner a prueba su equilibrio, a realizar sus primeras acrobacias y a desenvolverse en el trapecio. Hasta que su padre, tras varios meses de angustiosa búsqueda, logró encontrarlo y llevarlo de regreso a Zacatecas. Pero aquella travesía farandulera no quedó relegada a... Ver Más