La dana que ha causado estragos en el sur de la provincia de Valencia en los últimos dos días demuestra una vez más que ningún municipio de la costa mediterránea está fuera de peligro y que las infraestructuras y medidas de prevención deben ponerse en marcha inmediatamente desde el norte de Cataluña hasta la provincia de Málaga.La fatídica dana de 2024 es un ejemplo de que se está respondiendo al problema una vez que ya ha llegado. Después de que falleciesen 232 personas se puso en marcha un plan de emergencia con obras rápidas que se finalizaron el pasado mes de julio, y están en elaboración diez macroproyectos para reconducir el agua y reducir el peligro. También se están recalculando los mapas inundables de las cuencas del río Magro y de la rambla del Poyo para entender cómo se comportan ante las lluvias torrenciales.Geógrafos e hidrólogos advierten de que lo que ocurrió en la zona de l’Horta Sud puede pasar en cualquier punto del Levante y la costa andaluza. En los últimos 150 años hay registros de riadas catastróficas en Barcelona, Tarragona, Alicante, Mallorca, Murcia y Málaga.Pero en los últimos tres años, lo que antes era anecdótico se ha vuelto recurrente debido al calentamiento global. En los últimos dos días han llegado a registrarse 711,2 l/m² de precipitación en Forna (Alicante), el mayor dato para la región de la Safor desde 1987, cuando cayeron 817 l/m² en 24 horas, el récord absoluto de España. La probabilidad de que caigan más de 700 l/m² en la provincia de Valencia es de una vez cada 150 años, pero ya es la segunda vez que ocurre en apenas dos años, desde la dana de 2024."La manera de enfrentarnos a las inundaciones está cambiando, pero el cambio climático lo hace más rápido", resume Juan García Bermejo, investigador del grupo de Ingeniería Hidráulica, Marítima y Medioambiental de la Universidad Politécnica de Cartagena.Afirma que, por una parte, en los últimos diez años se ha avanzado mucho en gestión de inundaciones en España. Entre 2013 y 2014, se publicaron los primeros mapas de riesgo de inundación a nivel nacional, la primera piedra para empezar a elaborar estrategias a gran escala y no ha sido hasta la última década cuando se han comenzado a desarrollar los primeros planes generales de prevención de riesgo de inundaciones (PGRI), dependientes del Gobierno central. Pero, al mismo tiempo, ese periodo ha coincidido con la multiplicación de las lluvias torrenciales, que han dejado fuera de juego las infraestructuras tradicionales que frenaban el agua."Las tuberías de una ciudad o el caudal de una presa se diseñan a partir de los registros históricos de lluvias. Pero ¿qué pasa si tenemos una tormenta que en teoría solo ocurre una vez cada 500 años? No podemos prepararnos para todos los escenarios", subraya Bermejo. Las encargadas de las principales obras hidráulicas son las confederaciones hidrográficas, dependientes del Ministerio de Transición Ecológica, que tienen las competencias sobre el dominio público hidráulico de los grandes ríos intercomunitarios que desembocan en el Mediterráneo: el Ebro, el Júcar o el Segura. Pero las comunidades autónomas y los ayuntamientos también juegan un papel crucial: coordinan la respuesta de los cuerpos de emergencias, tienen las competencias sobre los puentes y las carreteras que superan los ríos, se encargan de las canalizaciones urbanas de agua y ordenan la construcción de edificios en las zonas inundables.En el caso de Murcia, su plan autonómico frente a inundaciones (Inunmur) data de 2007 y está completamente desfasado, ya que solo recoge cómo debe actuar Protección Civil en estas urgencias. En 2020, el Gobierno regional se propuso abordar el problema tras la dana de 2019 mediante un Plan de Ordenación Territorial para la Prevención del Riesgo de Inundación (POTPRI), para que la ordenación del suelo sea coherente con el peligro de las riadas. En la Comunidad Valenciana sí que hay desde 2003 un plan más completo (Patricova), que fue actualizado en 2015 y está ahora de nuevo en proceso de modernización a raíz de la catástrofe de hace dos años.En Cataluña se da la particularidad de que las cuencas interiores, que abarcan prácticamente toda la costa —salvo la desembocadura del Ebro—, son competencia de la Agencia Catalana del Agua, de manera que es el Gobierno autonómico el que elabora los PGRI y dibuja los mapas de riesgo de inundación.Roberto Espínola, hidrogeólogo y portavoz del Colegio de Geólogos de Cataluña, coincide en que el cambio climático hace más urgente actuar, y pide a las administraciones que se tomen en serio el problema y que no se olviden de ello cuando pasen las lluvias."Es evidente que no estamos preparados para lo que tenemos encima", resume. Por ejemplo, comenta que solo la mitad de los 655 municipios que deberían tener planes contra inundaciones en Cataluña, cuentan con ellos. "Hay que creerse el problema y ponerse manos a la obra". Añade también que en Cataluña hay 700.000 personas que viven en zonas inundables y que una de las medidas drásticas que habrá que tomar es la "desurbanización", trasladar viviendas y otras construcciones a lugares donde estén fuera de peligro. "Es complicado, pero habrá que buscar un consenso para hacerlo en las zonas más críticas".Otro de los factores a tener en cuenta es la lentitud que supone técnicamente organizar la construcción de estas grandes infraestructuras o intervenciones forestales, donde participan administraciones, universidades, empresas, vecinos, organizaciones ecologistas… Un ejemplo es el de la respuesta que se ha dado en los pueblos de la dana de 2024, donde después de dos años solo se han realizado una serie de obras rápidas que hacen de parches para futuras riadas. Los diez macroproyectos que suponen modificar cauces de ríos, construir zonas de inundación controlada o canalizar algunos tramos están todavía diseñándose y no se esperan al menos hasta 2030."Es comprensible que los vecinos quieran las obras terminadas lo antes posible, pero son actuaciones complejas que necesitan de mucho estudio previo. Si en un punto caen hoy 600 l/m², hay que ajustar los periodos de retorno de esas lluvias y actualizar los estudios hidrológicos", resume Paco Vallés, responsable del Laboratorio de Hidráulica de la Universidad Politécnica de Valencia. "Y una vez que tienes esos nuevos caudales hay que redimensionar las medidas que ya estaban pensadas o acordar unas nuevas, y luego construirlas", añade.