Bárbaros, brutos, simiescos y hasta algo lerdos. Esa era la visión victoriana, la que tenían los primeros arqueólogos del siglo XIX de los neandertales (Homo neanderthalensis). Esa imagen tosca se mantuvo hasta mediados del siglo pasado. Entonces encontraron en una cueva del Kurdistán los restos de varios de ellos, un bebé incluido, enterrados con mimo. Era la primera prueba de que el neandertal cuidaba de sus muertos con rituales sofisticados. En lo que va de este siglo se han acumulado las pruebas, desmontando aquella visión sesgada del pasado. Ahora se sabe que fueron los primeros en encender fuego, que disfrutaron de una dieta variada, que mantuvieron sexo con los humanos modernos o que una buena parte de su genética está en nosotros. Ahora, en esa misma cueva han encontrado a un neandertal que murió por una lanza, pero que también vivió tras una grave herida, quizá cuidado por su gente.Seguir leyendo