No eligió buen día Pep Guardiola para retornar al Etihad Stadium. Sentado en el palco, con su gorra a lo Peaky Blinders, observó al PSG de su amigo Luis Enrique causar un destrozo al Manchester City. La causa de su visita era solidaria con su club de los últimos 10 años tras la condena por 114 irregularidades financieras, pero se encontró con un castigo inesperado. El cuadro parisino atropelló al inglés en una primera parte para enmarcar. En la segunda resistió una reacción de amor propio encomiable del City. Un partidazo (2-4).Seguir leyendo....