El Madrid llegará al clásico del próximo domingo con seis puntos de desventaja sobre el Barça. Por fin, un partido tranquilo para los de Mourinho, que pasaron por encima del Sevilla con un partido de más goles que fútbol, de más intensidad que buen juego. Pero eso también vale. Un encuentro, otro más, con lío arbitral, aunque en esta ocasión por una polémica acción que podía haber supuesto la roja a Güler, todavía con 0-0 en el marcador. En el minuto 23, una acción de ataque del Madrid por banda izquierda tuvo una trama aparte en el carril central. Allí, Arda y Peque corrían y se repartían 'caricias' hasta que el jugador del Sevilla acabó en el suelo y sus compañeros exigiendo explicaciones a Busquets Ferrer. En la disputa por la posición y por acompañar a la jugada, el turco acabó soltando su brazo izquierdo sobre el atacante hispalense. A ojo de halcón, que esa fue la mejor toma de la retransmisión, quizás en la cara, pero ni el peor notario hubiera dado fe de ello. En pleno 2026, en todo un Santiago Bernabéu, no hubo una sola repetición digna para certificar que Arda le soltó un codazo a Peque que podría haber supuesto su expulsión o que el jugador del Sevilla exageró el golpe. No es serio. Jugó el Madrid con tres cambios respecto a la remontada de Roma. Premio para Endrick y Arda, claves en la épica victoria en el Olímpico. Y regreso a la titularidad de Huijsen, 'castigado' en Champions tras su expulsión en el derbi. Valverde repetía en el once, pero esta vez ya directamente en el lateral derecho. Es el mejor '2' de este Madrid, de largo. Habla muy bien del uruguayo y bastante mal de la dirección deportiva que un día pensó que Trent y Dumfries eran jugadores a la altura de un quince veces campeón de Europa. Las palomitas llegaron hasta el minuto 31, justo cuando Arda puso el balón en la escuadra de Odisseas. El fútbol es así de veleidoso. El jugador que pudo haber sido expulsado es el que le quitó el tapón a la bañera. Jugada de Diomande por banda izquierda, asociación con Güler y, de primeras, zurdazo de fuera hacia adentro para poner el 1-0 y convertir un partido trampa en una plácida noche de domingo (casi) invernal en Madrid. La tuvo Mbappé en el 33, en una arrancada en la que, a base de zancadas, se quitó jugadores del Sevilla como quien supera conos. Vlachodimos, buen portero y mejor persona, sacó su pierna derecha para evitar el segundo del Madrid. Pan para hoy y hambre para mañana. El francés, cuatro minutos después, ajustó cuentas con el delantero. Otra vez Diomande por banda izquierda, taconazo de Bellingham y finalización prémium de Mbappé: control más giro para quitarse de en medio a Castrín y un derecha-izquierda para superar a Odisseas. 2-0. Así se fue el partido al descanso. Sobre todo, porque Courtois juega en una liga distinta a los demás. Llevaba 45 minutos de paseo por la portería del fondo sur, cuando Agoumé decidió probar sus costillas y sus riñones. Escorzo del belga en la prolongación para evitar el 2-1 del centrocampista francés. En la segunda mitad, Courtois tuvo otras dos buenas intervenciones, pero la sensación es que el Sevilla nunca hubiera sido capaz de generarle al Madrid un mínimo cosquilleo. Menos todavía con el 3-0, obra de Mbappé a lo Panenka desde el punto de penalti. Conducción y pase al espacio de Diomande en el 63 para un Kylian más rápido, más vivo y más inteligente que Castrín. No solo perdió de vista al francés, sino que acabó agarrándole, frustrado de ver al atacante camino de Odisseas. Con 3-0 y media hora por delante, el Sevilla no dejó de competir y tuvo el premio del gol de Manu Bueno. Y también Diomande se ganó su minuto de gloria con el 4-1 para poner el broche a otro partido de crecimiento del africano, que poco a poco, sin elevar la voz, se ha ganado al Bernabéu y a sus compañeros. Derechazo para cerrar la goleada y creer que el domingo, en el Camp Nou, este Madrid puede callar a medio país y presentar su candidatura real a la Liga. Es eso, o un semi adiós prematuro.