Nicholas Wilson llegó al Pirineo para entrenarse con soldados españoles y acabó utilizando técnicas de escalada en un ejercicio de asalto. El fusilero de los Marines participó en unas jornadas celebradas en Candanchú del 7 al 13 de junio de 2014. La preparación comenzó con equipo de seguridad y maniobras básicas antes de llevar a los participantes a una patrulla de veinticuatro horas por la montaña.«Nunca había hecho nada parecido», contó Wilson en la crónica publicada por los Marines el 19 de junio de 2014. La declaración está traducida del inglés y se refiere a su experiencia con la escalada y las marchas por los Pirineos. El militar pertenecía a la fuerza estadounidense de respuesta a crisis. En Candanchú encontró un terreno que exigía otra preparación para poder avanzar con el resto de su unidad.Los instructores españoles enseñaron a los estadounidenses el uso del material de seguridad y las técnicas de montaña que necesitaban durante las jornadas. Después realizaron ejercicios de escalada y rápel. Para el fusilero, aprender a moverse por ese entorno formaba parte de la tarea militar: el ejercicio final requería superar una pared para alcanzar el objetivo previsto en un asalto simulado, tras la patrulla.Material que debe saberse utilizarEl equipo introduce una exigencia distinta de la que plantea una marcha por terreno llano. En las imágenes del ejercicio se ve a un instructor español ayudando a un marine a preparar un descenso sobre roca. El equipo individual del soldado debe adaptarse al trabajo que va a realizar. En Candanchú, el aprendizaje comenzaba con el material de seguridad y con la supervisión de quienes conocían esas técnicas.Una de las fotografías identifica al fusilero Jared Wynn durante esa preparación, el 10 de junio de 2014. La escena muestra el papel del instructor junto al alumno antes de afrontar el descenso. El conocimiento técnico tiene una aplicación inmediata: poder desplazarse por una zona de roca que limita las rutas disponibles, con el material colocado y utilizado de acuerdo con la actividad prevista.La Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales distingue en su formación la vida y el movimiento en montaña, la escalada, la táctica y los socorros de urgencia. Sus programas prolongados tienen contenidos de verano e invierno. Esa preparación de las tropas de montaña ayuda a entender la especialización que requiere este terreno, aunque las jornadas de los marines fueran un intercambio breve y no un curso completo de la escuela.Lo aprendido puesto a prueba en rutaEl ejercicio de patrulla obligaba a utilizar después lo practicado con los instructores. La duración y el acceso al objetivo reunían exigencia física y destreza para superar desniveles. El grupo tenía que continuar moviéndose mientras mantenía organizada su actividad. Como en otras unidades, las comunicaciones entre los participantes deben acompañar una coordinación que el terreno puede complicar, con personas situadas en distintos puntos del recorrido.El trabajo de orientación y el uso de material específico forman parte de esa adaptación al lugar. La incorporación de dispositivos tácticos de navegación en otros programas militares responde a necesidades de información, pero no elimina el esfuerzo de desplazarse por una pared. Las imágenes de Candanchú documentan una preparación realizada con cuerdas e instructores, en la que los estadounidenses practicaban cómo superar una dificultad física del recorrido.«Creo que todos aprendimos unos de otros», añadió Wilson. Esa valoración acompañaba su experiencia con la escalada y las marchas por los Pirineos. En el ejercicio final, el asalto simulado exigía utilizar las técnicas practicadas para llegar al objetivo. El entrenamiento había unido la instrucción sobre roca con su aplicación durante la patrulla.