Viendo en la tele los planos del beso mitinero de Pedro Sánchez y su esposa , repetidos en los telediarios, las redes sociales, los memes y los periódicos, tuve una emoción inversa a la que me produjo la escena cumbre de 'Cinema Paradiso', cuando se juntaban todos los besos censurados de decenas de películas y la luz que atravesaba el celuloide chocaba contra la pantalla y producía una epifanía, un salmo visual sobre la grandeza humana y divina del amor y la alegría. Qué bajón, el viernes no me pasó lo mismo. La repetición hasta el hartazgo del beso, de la efusión melodramática, del acto político, premeditado, de nuestro primer ministro y Begoña Gómez me hizo pensar en otra cosa.... Ver Más