El 20 de octubre de 2011 ETA anuncia el “cese definitivo de su actividad armada” después de más de cinco décadas de historia, llevando a cabo asesinatos, secuestros, extorsiones, amenazas y atentados para intentar imponer su proyecto independentista y revolucionario. Ahora la banda terrorista ya no existe, pero su pasado continúa presente en el debate político, especialmente en torno a EH Bildu, su relación histórica con la izquierda abertzale y las críticas del PP y Vox a los acuerdos de los gobiernos socialistas con esta formación.El origen de una sigla que marcaría la historia de EspañaETA, acrónimo de Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad), nace a finales de 1958 en el País Vasco, durante la dictadura franquista, a partir de un grupo de jóvenes vinculados inicialmente al nacionalismo vasco. Con el paso de los años evoluciona hacia posiciones independentistas y revolucionarias y adopta la violencia como instrumento para alcanzar sus objetivos políticos. Su primera víctima mortal se produce en 1968 y, durante las décadas siguientes, la organización convierte el terrorismo en una herramienta de presión contra el Estado y quienes considera obstáculos para su proyecto.El terror como forma de presiónETA utiliza distintas formas de violencia: asesinatos, atentados con bomba, secuestros, extorsiones y amenazas. Sus objetivos incluyen a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, militares, jueces, políticos, empresarios y periodistas, pero también a personas sin relación con la actividad política.Durante décadas, la violencia de la organización terrorista ocupa un lugar central en la actualidad española, llenando páginas de periódicos y abriendo informativos.Policía, tribunales y cooperación internacional... y también intentos de diálogoLa lucha contra ETA combina durante décadas la acción policial y judicial, la cooperación internacional, especialmente con Francia, y acuerdos políticos contra el terrorismo. La colaboración franco-española resulta decisiva para golpear a las estructuras de la organización y detener a sus dirigentes. Pero también existen intentos de explorar una salida dialogada. En 1998, durante el Gobierno de José María Aznar, se autorizan contactos con interlocutores del denominado “Movimiento Vasco de Liberación”, y en 2006, José Luis Rodríguez Zapatero anuncia el inicio de un diálogo con la organización tras su declaración de alto el fuego permanente. Ambos procesos generan importantes controversias políticas, especialmente sobre qué podía y qué no podía negociarse con una organización terrorista.Del alto el fuego al último adiósEl 20 de octubre de 2011 llega el anuncio que marca un antes y un después: ETA comunica el “cese definitivo de su actividad armada”. Todavía no entrega las armas ni anuncia su disolución. El proceso continúa durante los años siguientes y en abril de 2017 la organización facilita a las autoridades francesas la localización de ocho depósitos con armas, explosivos y munición. En mayo de 2018 ETA anuncia que disuelve “completamente todas sus estructuras” y da por terminado su ciclo histórico. Es el final formal de una organización que ha mantenido más de cinco décadas de actividad terrorista.Quince años despuésEl fin de ETA no termina con el debate sobre su pasado. EH Bildu es una fuerza política legal e institucional, pero su pasado y su relación histórica con la izquierda abertzale siguen siendo objeto de confrontación política. El PP y Vox utilizan con frecuencia la referencia a ETA para criticar los acuerdos del PSOE con EH Bildu y cuestionar la legitimidad política de esas alianzas. Desde el PSOE y EH Bildu se responde que ETA dejó de existir y que utilizar permanentemente su pasado en la confrontación partidista supone trasladar el sufrimiento de las víctimas al terreno de la disputa política. Así, quince años después del silencio de las armas, ETA ya no está presente como organización terrorista, pero su memoria, sus víctimas y la discusión sobre su legado continúan formando parte del debate político español.